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El voto bofetada

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Recuerdos del presente

El candidato Cacareco

Humberto Vacaflor Ganam

Un agudo observador de la realidad boliviana dice que el electorado está ahora usando el voto como una sonora bofetada en el rostro de los políticos tradicionales.
-Sabes, candidato, yo te desprecio tanto, que soy capaz de votar por animal con tal de no votar por tí.
Habrá que ver si este es o no el caso boliviano, pero eso de usar el voto como bofetada y votar por un animal es un caso real que se dio en Brasil.
Era el año 1958 y los cariocas debían elegir a los nuevos concejales del municipio de Río de Janeiro. Tan mal lo estaban haciendo los políticos tradicionales que, recogiendo la sugerencia de un periodista, los electores optaron por votar por el rinoceronte del zoológico de la ciudad.
El hecho de que el rinoceronte en cuestión se llamara Cacareco es algo que podría interpretarse como una alusión perversa (nada más lejos de mi intención) al candidato Félix Cocarico, del MAS.
No hay en el mundo otro caso más severo del voto nulo, del voto bofetada, que el de los cariocas en 1958. Por supuesto que las autoridades electorales brasileñas tuvieron problemas para manejar el tema y contar los 100.000 votos de Cacareco como nulos.
¿Puede un electorado llegar al grado de sutileza de usar el voto como una forma de castigo, de bofetada?
El observador que propuso esta tesis dice que en 2005 Evo Morales tuvo los votos de los cocaleros pero también de miles de bolivianos que estaban indignados con el comportamiento de los políticos tradicionales. Pero sobre todo de la distribución cínica de los cargos públicos que se daba entre los partidos del pasado.
Aquí es preciso señalar una fecha para marcar el nacimiento de la distribución de los cargos del Estado entre los partidos de las coaliciones del proceso democrático que comenzó en 1982.
Víctor Paz Estensoro había gobernado desde 1985 hasta 1989 en alianza con la ADN de Hugo Banzer. El estadista tarijeño había aceptado el apoyo del partido del general, pero jamás cedió ni un solo milímetro de sus atribuciones. Él sabía que sus ministros eran sus colaboradores y que, por lo tanto, nadie podía entrometerse en la selección. De eso ni siquiera se hablaba. Probablemente lo hizo pensando en el desenlace del anterior co-gobierno que habían tenido los dos partidos, cuando Banzer despreció al MNR aliado que le había ayudado a llegar al gobierno en 1971.
Fue cuando llegó Jaime Paz Zamora, en 1989, que comenzó a aplicarse esto de la distribución “equitativa” de los cargos públicos entre los miembros de una alianza o de una coalición. Banzer no había pedido nada a cambio de hacer presidente al que había salido tercero en las elecciones.
Es probable que por agradecimiento, o por falta de “cuadros”, como se decía entonces, Paz Zamora hubiera optado por hacer esa distribución, que resultó grosera, pero sobre todo terminó siendo el veneno que mató ese tipo de democracia. Cada partido tenía el mismo número de ministros y debían designar como viceministros a los militantes del otro partido.
El festín que se dieron los partidos tradicionales con esa fórmula de repartición de cargos fue el que produjo las bofetadas.

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