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El verdadero enemigo

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Recuerdos del presente

Los únicos ganadores

Humberto Vacaflor

Vamos a suponer, como ejercicio para entender las cosas, que estos enfrentamientos entre los bolivianos terminen dando forma a una guerra civil, antes de la "bifurcación" propuesta por el vicepresidente.
¿Quién ganaría en ambos casos? ¿Quién sacaría algún beneficio de una situación que es propiciada con tanta determinación, como si fuera el único objetivo que se busca?
Que se sepa, los únicos que se beneficiaron siempre de las guerras, aparte de los fabricantes de armas, son las mafias. Y en este caso, la mafia más próxima sería la del narcotráfico.
Si en los momentos de los bloqueos del Chapare eran los narcotraficantes que se beneficiaban de que las carreteras estén expeditas para poder aterrizar en ellas sus avionetas, en caso de una guerra civil todo el territorio nacional estaría a su disposición.
El narcotráfico es, en este momento, la transnacional más poderosa del mundo después de la que trafica con las armas. Aquí, por lo tanto, estarían de fiesta las dos mayores transnacionales del mundo.
En este momento, la transnacional del narcotráfico controla casi un tercio del territorio colombiano. Desde allí operan los grupos armados que sirven de cuerpo de protección al narcotráfico que se hacen llamar "guerrilla".
El narcotráfico tiene amenazadas ahora siete provincias peruanas: Marañón, Huacaybamba, Leoncio Prado, Huamalías, Tocache y Padre Abad, que se propone controlar mediante los grupos modernos de "Sendero Luminoso".
Es el narcotráfico el que pelea por el control de dos estados de México, luchando con el ejército de ese país, igual que pelea con el ejército brasileño en las "fabelas" de Río de Janeiro. Es un poder, el del narcotráfico, que ya controla pequeños países-islas del Caribe, totalmente.
Es bueno que los bolivianos sepamos de dónde nos llegan los golpes. Y los golpes nos están llegando de los operadores del narcotráfico, muy hábiles y sigilosos.
Tan hábiles son que en este momento, mientras preparan la guerra civil boliviana y la "bifurcación", arman el desencuentro entre Colombia y Venezuela.
Esta transnacional estuvo a punto de lograr un triunfo diplomático, de reconocimiento de un status casi legal, para ser interlocutor válido de un país y sus autoridades legales. Fue cuando Hugo Chávez se propuso de mediador entre el presidente Álvaro Uribe y el jefe de la banda de secuestradores y mercenarios de la droga llamada FARC. Quería llegar a la jerarquía de potencia regional en paridad con un gobierno constitucional. La mafia no se queda en pequeñeces. Aspira a ser reconocida, a incursionar en los espacios de la legalidad.
En Bolivia controla, además de medio millar de pistas de aterrizaje, el Chapare, parte de los Yungas y parte del territorio tarijeño por donde la hoja y la droga pasan hacia la Argentina. A este poder político y económico le convendría que los bolivianos nos trenzáramos en una guerra, de tal modo que la autoridad del Estado sea todavía más débil que ahora.
Esto es una guerra, es cierto. La guerra civil de la que hablan sólo será un pretexto para la otra guerra, la más importante, la que está librando el narcotráfico por el control de territorios en nuestro continente, como lo hace ya en varios territorios del Sudeste asiático. No es poca cosa este enemigo.

 

 

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