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El verdadero cambio en Bolivia

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Recuerdos del presente

Una mirada desde el futuro

Humberto Vacaflor

Borges propuso alguna vez que para no angustiarse por las cosas del presente se debería hacer el ejercicio imaginario de ubicarse en el futuro y mirar la realidad desde esa perspectiva.
Mi impresión es que, mirada desde el futuro, esta crisis se vería como el producto del esfuerzo (inútil) de un gobierno por frenar un profundo cambio en Bolivia: el traslado del eje de la política hacia las tierras bajas, siguiendo los pasos de la gente y de la economía.
Que este esfuerzo por negar una realidad se proponga, además, imponer la hegemonía política y cultural del sector en declinación, es propio de la desesperación de las posiciones reaccionarias.
En algún momento, en efecto, la política boliviana tendrá que aceptar la realidad, comenzando por tomar en cuenta las cifras de los censos, que muestran el éxodo de los bolivianos hacia el oriente.
Si esto de negarse a tomar en cuenta las cifras del censo del año 2001 en la conformación del parlamento se ve ahora como un absurdo, desde el futuro se verá como un error que perjudicó el avance de Bolivia.
Y, claro, desde una perspectiva como la que propone Borges, los esfuerzos que se hacen ahora por inflar los votos del sector reaccionario del occidente, e incluso ponerles una transfusión de votos traídos del exterior, parecen pataleos de ahogado.
Del mismo modo que quienes manejan hoy el país insisten en ignorar la demografía real (Santa Cruz debería tener igual cantidad de diputados que La Paz y Tarija igual o más que Potosí), aplican políticas para afectar la economía real.
En este momento de la economía boliviana, la crisis petrolera se debe a políticas equivocadas, igual que la crisis del sector textil, mientras que la minería sufre las consecuencias del mercado, pero que la agroindustria cruceña padece solamente las consecuencias de una política diseñada a propósito para perjudicarla.
Esto es peor que ignorar un censo: es como tratar de afectar la realidad, para cambiarla.
Sobre el origen profundo de estas actitudes de los gobernantes de ahora nada dicen los hojas de coca del futuro. No quieren meterse en honduras.
Pero se ve con claridad que en este momento hay una lucha desigual entre las actividades económicas legales y las ilegales.
Mientras las exportaciones del sector oleaginoso están prohibidas o sometidas a inciertos cupos, 5.000 toneladas de hojas de coca salen todos los años a Argentina sin el pago de aranceles.
Las condiciones injustas de esta competencia no son impuestas solamente por las autoridades bolivianas: las medidas que aplican las autoridades argentinas contra los productos bolivianos no comprenden a la coca. Cierran un ojo en Bolivia y otro en Argentina para que la coca pase sin problemas.
Las actividades económicas legales tienen que competir en inferioridad de condiciones con las ilegales, porque deben operar con la misma mano de obra, con jornales inflados por el narcotráfico.
La coca es el símbolo, la bandera, el estandarte de las fuerzas de la reacción. Hordas de “colonizadores” avanzan sobre las tierras bajas para ampliar el dominio de la coca.
Momento dramático el que vive Bolivia. Pero será superado.

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