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El triunfo de las petroleras

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Recuerdos del presente

 

La rendición petrolera

 

Humberto Vacaflor Ganam

 

Dice la historia que tras la primera nacionalización del petróleo, de 1937, el país tuvo que esperar cerca de veinte años para que se vuelvan a dar las condiciones requeridas por las petroleras para invertir en Bolivia. Y que tras la segunda nacionalización sólo pasaron tres años para que Hugo Banzer, derrocador de los nacionalizadores, creara las nuevas condiciones en 1972.

Ahora estamos viviendo, por primera vez en esta secuencia, el caso de que las condiciones nuevas son creadas por el mismo gobierno que nacionalizó el sector (para llamar de alguna manera lo que ocurrió en mayo de 2006). Es una especie de honestidad intelectual el hecho de que el gobierno admita que lo que hizo hace cuatro años estuvo mal, o que provocó repercusiones insospechadas.

Esta repentina honestidad tiene alguna explicación. Es que la situación del sector petrolero se ha puesto color hormiga como resultado de la “nacionalización”.

La empresa contratada para calcular el volumen de las reservas probadas, la Ryder Scott, ha presentado unas cifras que muestran un descenso preocupante. Las reservas probadas que se conocían antes de la llegada del gobierno del cambio eran de 27 TCF (trillion of cubil feet). Hace tres años, un cálculo hecho por la British Gas las ubicó en 21 TCF.

Pero la Ryder Scott, según datos de funcionarios de YPFB y del sector petrolero, ha establecido ahora que las reservas están en 10 TCF. Los detallistas dicen que son 9,8 TCF. (Venezuela tiene 150 TCF, Perú 19 TCF, Argentina 14 TCF y Brasil 12 TCF, lo que deja Bolivia en quinto lugar).

Con este panorama se explica que el gobierno haya decidido hacer un cambio -el verdadero cambio- en la actitud que tenía ante las petroleras. Ahora les está ofreciendo nuevas áreas de exploración, algunas de las cuales eran zonas prohibidas hasta hace poco.

Las demostraciones de que estamos ante una nueva actitud ante las petroleras son varias. Lo más notorio es que el gobierno ha decidido desconocer el derecho que había concedido a los pueblos originarios a vetar proyectos económicos que puedan afectar al medio ambiente. Que los pueblos originarios del oriente hayan sido derrotados en su marcha mediante tretas de distracción y debilitamiento aplicadas por el gobierno, no oculta que se trató de una traición, como la llaman los dirigentes de esos pueblos.

Si vas a vivir de los ingresos del gas, dice la cruda realidad, es mejor que te asegures de tener gas. Y si el gas se está acabando, pues hay que crear las condiciones para que las petroleras encuentren nuevas reservas. La revolución –y la Pachamama- pueden esperar.

Los parques naturales, reza este nuevo credo, no tienen porqué ser un freno al ingreso de petroleras o carreteras. La primera derrota de la política de protección de los parques naturales fue la que sufrieron los pueblos del norte de La Paz que quisieron poner condiciones al ingreso de la venezolana PDVSA.

Alán García, en el Perú, estuvo ante el mismo dilema frente a los pueblos originarios. Su estilo para enfrentarlo fue más sincero, porque él nunca había ofrecido lo que no pensaba entregar.

 

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