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Triunfo de las petroleras

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Recuerdos del presente

Tiempo de concesiones

Humberto Vacaflor

Los 44 contratos petroleros en vigencia no tendrán que ser puestos en la horma de la nueva constitución propuesta por el MAS. Una norma transitoria aprobada con sigilo por el gobierno ha liberado a las petroleras del riesgo de convertirse, como dice el texto del proyecto, en “prestadoras de servicios” de YPFB.
La genial fórmula masista de que la revolución no tiene aplicación retroactiva, usada también para el caso de los latifundios, vino a salvar a las petroleras de la perspectiva de prestar servicios a Santos Ramírez.
Las concesiones que ha comenzado a hacer el gobierno tienen un estilo solapado. El presidente Evo Morales cerró el año 2008 con una última amenaza al sector petrolero. Dijo que no le temblaría la mano para expulsar a la empresa British Gas si es que no cooperaba para que Chaco pase a ser manejada por YPFB.
Eso, según se supo después, fue un gesto destinado solamente a la platea. Con la otra mano, el gobierno estaba devolviendo a las petroleras, incluida la mencionada, millonarios montos de impuestos cobrados en exceso en los días del entusiasmo revolucionario de la nacionalización de mayo de 2006, porque había que dar la impresión de que la carga tributaria era de 82%. La devolución fue hecha en silencio, sin banda de música.
Pocos saben qué otras concesiones esté dispuesto el gobierno a hacer a las petroleras para conseguir que vuelvan a invertir y aumenten la producción. Las promesas han alentado a algunas de ellas.
Y así, como ocurre desde 1861, cuando nació esta industria, se da un nuevo caso de que las petroleras se salen con la suya. Las oficinas de las petroleras -lo repito— están alfombradas con pieles de tigres, de todos los tigres que se atrevieron a desafiarlas en algún momento.
Esta vez fue el precio internacional del crudo el que terminó con la furia de algunos tigres. Dentro de poco –esta es una predicción de un experto extranjero— el gobierno de Ecuador ablandará las duras condiciones que se proponía poner a las petroleras el entusiasta Rafael Correa, doctor en economía.
Las empresas, en suma, están ahora del otro lado del mostrador. Están dispuestas a escuchar qué ventajas se les ofrece para que vuelvan a invertir. Allí donde las condiciones sean muy duras, según dijo Enrique Costurera, presidente de Repsol, las petroleras no invertirán. Los argentinos entendieron finalmente el mensaje y han comenzado a cambiar las reglas de juego. Y los rusos, ahora que la Gazprom está moqueando, pronto entrarán también en la horma. Nuestro vecino Lula da Silva había estado muy orgulloso anunciando condiciones duras para las empresas que quisieran invertir en los yacimientos pre-sal, pero ahora se ha enterado de que son las empresas las que ponen las condiciones.
Con el crudo a 147 dólares el barril, las empresas rogaban para invertir; con el crudo en 40 dólares, son los países los que tienen que rogar.
Esta regla de hierro ha sido comprendida también por el gobierno nacional. Tres años de insultos a las petroleras sólo habían logrado que, como resultado de la falta de inversiones, baje dramáticamente la producción. Las colas para comprar gasolina convencieron al gobierno de que la revolución puede esperar. Quizá se reanude cuando vuelvan a llegar los cheques venezolanos.

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