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El traidor de Orinoca

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Recuerdos del presente

 El traidor de Orinoca

 Humberto Vacaflor Ganam

 

En “El Padrino” de Mario Puzzo, hay un momento en que Vito Corleone, ya jubilado, advierte a Michael, su sucesor, sobre cómo ha de identificar al traidor. “Quien te proponga una reunión con Tattaglia, ése será el traidor”.

Para acomodar esta saga a la política boliviana, ya que de mafiosos se trata, habría que imaginar a un Vito que le dice a Evo: “Quien te proponga un palacio en Orinoca, ése será el traidor”.

Porque, todo lo que quieras, todos los sofismas que se puedan decir sobre esto, pero lo del palacete de Orinoca, con un grosero museo incluido, es lo peor que podía haber hecho el actual presidente para su propia imagen. Alguien le vendió la horca donde deberá colgar su reputación de político.

Se sabe que el presidente no entiende algunas cosas. Nunca ha leído un libro, según lo admitió y salta a la vista cuando se lo escucha leer en voz alta. Nunca ha leído ni siquiera una frase completa.

El traidor le dijo, hay que suponer, que lo del palacio de Orinoca es una brillante idea, una deuda que tiene el país con el mesías aymara adoptado por los cocaleros del Chapare y convertido en el salvador de todos los pueblos originarios del mundo, el libertador del siglo XXI.

No importa dónde esté el palacete, no importa dónde esté Orinoca, si a orillas de un lago existente o no existente, no importa, porque lo verdadero es que se deben invertir seis millones de dólares en un museo que marcará el lugar donde nació el mesías… y donde murió.

Si el palacete está a 180 kilómetros de Oruro, no importa. Si por allí no pasan ni los buses de las flotas, ni los contrabandistas extraviados, ni los furtivos cazadores de vicuñas, ni los llameros que llevan sal para canjearla por maíz en los valles, no importa. Lo que se debe construir es el palacete de seis millones de dólares.

El sucesor de Vito se tragó toda esta mentira. Y lloró.

Esto, aparte de las consideraciones políticas, es un abuso del colonialismo. Los blancoides que siguen vendiendo espejuelos a los aborígenes, incluso en forma de palacetes.

A veces te cansa repasar la historia, con la repetición de las escenas desde hace tantos años.

Vacaflor.obolog.com
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