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Una traición insuficiente

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    RECUERDOS DEL PRESENTE
    Una traición incompleta

    Humberto Vacaflor Ganam
                           

    Mientras el presidente Evo Morales, ahora líder espiritual de los bolivianos y de todos los habitantes del planeta, pronunciaba su discurso en Tiwanaku aludiendo a la defensa de la Pachamama, su Gobierno preparaba duros golpes a quienes la defienden.

    Con la nueva Ley de Hidrocarburos, que ha sido sugerida por las empresas petroleras, los pueblos originarios dejarán de “poner obstáculos” al avance de las actividades del sector, y deberán aceptar lo que disponga el Gobierno del Estado Plurinacional, como dijo el reproche del Presidente de YPFB.

    Tan clara es la contradicción entre lo que dice el presidente Morales y lo que hace su Gobierno respecto de la defensa de la Pachamama, que algunos medios de comunicación muy identificados por el MAS y sus campañas, como la agencia Erbol, la resaltaron en indignados informes.

    Cuando preparaba las notas para esta columna, estuve tentado de pedir prestado un titular más expresivo: “El Gobierno de la impostura”, usado por la publicación Pukara, que refleja las inquietudes de los pueblos originarios que no aprueban al actual Gobierno.

    Denuncia esta publicación, en su nota editorial, que el propósito de la tendencia indigenista del Gobierno es, en realidad, aislar a la población indígena en “reservas” especiales. Asegura que, en cambio, el voto de los ciudadanos originarios muestra que más les interesa definir cuestiones nacionales antes que restringirse a los temas de sus individualidades étnicas. Para confirmar esta afirmación, la publicación dice que los votos válidos para definir las circunscripciones indígenas apenas llegaron a 35% de los habilitados originarios.

    Lo cierto es que las banderas de la Pachamama suben de altura en las ceremonias del presidente Morales, pero sus acciones bajan en las preferencias del Gobierno. La Madre Tierra tendrá que conformarse con los discursos, porque en los hechos seguirá sufriendo los embates, esta vez de una nueva forma de pragmatismo ecológico.

    Pero los estrategas del Gobierno están cometiendo un error. La traición a la Pachamama es muy dolorosa, le resta aliados al Gobierno, incluso algunos muy fanáticos, pero han surgido indicios de que el sacrificio pueda ser en vano.

    Se supone que la puñalada a la Pachamama tiene el propósito de atraer inversiones de las empresas privadas del mundo capitalista. Para ser coherente, este sacrificio debería pedir al presidente Morales que renuncie a su papel de subcomandante de las fuerzas que se proponen derrotar al capitalismo.

    Porque como van las cosas, la traición no servirá de nada, pues las empresas capitalistas no vendrán a Bolivia a invertir en la explotación de los recursos naturales que guarda la Madre Tierra en su regazo. Las empresas capitalistas son muy consentidas, muy exigentes y caprichosas: si las quieres, debes no solamente vender a tu madre, como en este caso; tienes también que hacer homenajes al capitalismo.

    Quizá no tengas que hacer ceremonias colorinches, pero tendrás que ser muy expresivo, no solamente con leyes, como las que se preparan, sino también con los discursos.

    El “clima” atractivo para las inversiones podría no ser bueno para la Pachamama, pero tiene que ser bueno para la repatriación de las utilidades, que es lo que importa.

    La Pachamama tiene algunos hijos indignos.

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