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El torpe estilo del MNR

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Recuerdos del presente

El torpe estilo del MNR

Humberto Vacaflor

Cuando el primer gobierno del MNR estaba llegando a su agotamiento, hacia fines de los cincuentas y comienzos de los sesentas, sus expertos en comunicación recomendaron aplicar métodos arcaicos para controlar al periodismo. En las redacciones de los diarios se instalaron unos escritorios especiales para los “censores”, unos señores encargados de decidir lo que se podía publicar y lo que no se podía publicar.
Con un lápiz de tinta (el bolígrafo todavía no había comenzado su monopolio), el censor marcaba en rojo lo que no podía decirse. Su fallo era inapelable.
Este estilo torpe era coherente con la primera decisión que tomó en materia de comunicación aquel gobierno, que fue cerrar el diario “La Razón” de mi paisano Carlos Víctor Aramayo. Y creó, en su lugar, aunque con muy poco éxito, “La Nación”.
Han pasado más de cuarenta años desde aquellos días y ciertamente la comunicación ha dado saltos tan grandes que da vértigo sólo pensar en todo lo que avanzó. Aquellos censores del MNR tenían que corregir textos escritos a máquina sobre unas hojas de papel sábana que eran retazos que quedaban de las bovinas del papel periódico.
La censura en el siglo XXI, por lo menos en este nuestro país, aplica la torpeza con más eficiencia. Los encargados de esta materia en el gobierno del MNR no habían pensado que podían penetrar las redacciones de los diarios o de los medios de comunicación con “comisarios políticos” que pueden torcer la tendencia de los medios.
Hay una famosa emisora paceña que cuenta con dos comisarios políticos y hay un famoso canal de Tv que ha tenido que incluir en su equipo a un “analesta” que define lo que está bien o lo que está mal. Y hay presiones de todo tipo a los medios de comunicación, presiones que comienzan a dar resultado.
El nuevo método utiliza también el terror. El hecho de que un improvisado terrorista haya recibido permiso del Palacio de Gobierno para viajar a Yacuiba y  poner una bomba a un canal de Tv el 21 de junio, y ahora haya recuperado su libertad a pesar de haber sido detenido en el momento del atentado, es un mensaje muy claro. El mensaje dice que cualquier medio le puede pasar lo mismo y que la mejor manera de cuidarse es aplicar la autocensura.
No es necesario poner escritorios especiales para los censores, aparte de los que ocupan los comisarios. Los golpes que reciben en la calles las y los periodistas de parte de “organizaciones sociales” son mensajes de advertencia, son métodos de censura mucho más eficientes que los que aplicaba el torpe MNR.
Quizá no dejen de ser torpes estos nuevos métodos, porque consisten en pegar a la gente o amedrentarla con supuestas listas de periodistas que podrían ser detenidos, pero son muy eficientes.
Y están los colegas que se acusan de “neoliberales” a los que no piensan como ellos, a pesar de que varios de ellos trabajaron para el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, el ícono del neoliberalismo. Ícono pero también torpe, porque, movimientista al fin, usó un día un canal que en realidad le pertenecía para insultarme porque yo me había opuesto a la privatización de YPFB y a la llegada de la Enron.
Eran los días en que los héroes de ahora estaban callados, preparando la llegada del imperio de la coca.

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