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La tormenta boliviana

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Tormenta interna

Las peleas dentro del gobierno son ruidosas pero pocos saben lo que las provoca. Desde fuera del gobierno se observa la trayectoria de algunos proyectiles, se escuchan algunas imprecaciones, pero se desconoce la verdadera causa de este enfrentamiento.

Actores secundarios: Algunos nombres que han surgido en los últimos días en los informes sobre la pelea parecen solamente caracteres prestados, como fachadas para ocultar a los verdaderos personajes.

Que el ministro Sacha Llorenti despida y desprestigie al viceministro Gustavo Torrico podría ser motivo de una crónica política de segundo orden, por lo menos mientras no se descubra de qué lado está el presidente Evo Morales. Y si el vicepresidente Álvaro García Linera opina lo mismo, o todo lo contrario.

Incluso la aparición de un ciudadano alemán vinculado a grupos de derecha del pasado, como Dirk Schmidht, sigue dando la impresión de que los hilos que manejan a estas marionetas son muy largos y llegan por lo meno al Palacio Quemado. Nadie se compadece de los pobres menonitas, a quienes extorsionaba supuestamente Torrico, porque siempre fueron extorsionados y amenazados con arrebatarles sus tierras.

Mal humor: Lo que sale a la luz es que el presidente y el vice están de muy mal humor, pero sus maneras de manifestarlo son diferentes. El presidente trata muy mal a sus colaboradores, incluso al vice, cuando está en la intimidad de sus oficinas y en la residencia presidencial. El vice expresa su mal humor amenazando a empresarios, a gobernadores y anunciando su proyecto de control del “poder total”.

Discrepancias en la cúpula: Aquí han surgido algunas posiciones contrapuestas. El vice condena al gobernador de Santa Cruz –que lo acusó de recibir dineros del narcotráfico- pero el presidente dice que son los asesores de Rubén Costas los que tienen la culpa. El vice quiere crucificar al presidente de Aerosur, Humberto Roca –que acusó al vice de eso y mucho más- pero los operadores de la justicia parecen haber recibido instrucciones para castigarlo con menos severidad.

Diferentes prioridades: El vice quiere hacer política, habla de Gramsci y del “poder total” (ver página 2), pero el presidente sólo quiere privilegiar al Chapare. Después de haber elegido a esa zona como sede de siete de las quince empresas estatales que creó en su gobierno, ahora quiere construir una carretera más, con un costo de US$ 450MM. Ni siquiera se frena ante el riesgo de recibir la condena de los pueblos originarios del parque Isiboro-Sécure, ni de los ambientalistas y “pachamamistas”. Da la impresión de que el presidente no fuera ni revolucionario, ni socialista, ni ambientalista, sino solamente el conocido líder de los cocaleros del Chapare.

Mientras se dan estas diferencias de estilo entre el número uno y el número dos, alguien se preguntaba en La Paz cómo es posible que Torrico siga hablando en voz alta, y si lo hace es porque tiene el respaldo del presidente.

Y surge la duda mayor. Si el vice se está preparando para la sucesión en 2015, como parece evidente, y si el presidente quiera consentirlo.

 

Visiones discrepantes

La semana pasada surgió una discrepancia muy clara en las lecturas de la realidad que hacen el presidente Morales y el vice García Linera.

Para Morales, los cuatro primeros años de gobierno –lo dijo en tono de autocrítica- fueron destinados solamente a la política, descuidando la economía. De ahora en adelante –prometió el presidente- se concentrará en mejorar la gestión económica, lo que dejó abierta la posibilidad de que cambie a algunas piezas del gabinete económico ahora mismo o más adelante.

Balances diferentes: Para García Linera, todo lo hecho hasta ahora estuvo fríamente calculado y lo que viene  es una mayor dosis de política, porque el gobierno se dedicará a capturar el “poder total”. La economía no fue mencionada en este análisis.

El presidente quiere gobernar, hacer buena gestión, y el vice quiere alcanzar la meta de controlar el país como se hubiera podido hacer si, en su momento, los masistas hubieran optado por la insurrección popular –que él proponía- en lugar de usar la puerta estrecha de la democracia.

El presidente quiere inaugurar en 2012 una planta termoeléctrica en el chaco tarijeño, similar a la que inauguró la semana pasada en Entre Ríos, Cochabamba. Quiere que sus ministros mejoren la tasa de ejecución de sus carteras y que las empresas estatales alcancen niveles de excelencia, para lo que tendrán que recorrer un largo camino.

Objetivos radicales: El vice quiere que los gobernadores opositores sean derrocados, así como los alcaldes, y que se aprueben leyes tan duras como la de la reforma urbana que permitirá a los “sin techo” vivir en los espacios vacantes de las viviendas existentes.

El presidente, en cambio, lo que quiere de manera más ferviente ahora es concretar la segunda carretera del Chapare, esta vez hacia el Beni (ver página 1). Dice el candidato brasileño José Serra que esa carretera será “la rodovía de la cocaína”, pero el presidente Morales ha ordenado que se la haga de todos modos, según lo acaba de admitir la ABC.

Lo que incomoda al vice es que su proyecto de alcanzar el “poder total” tiene la desventaja de que no existe oposición organizada y todo lo que haga para lograrlo parecerá un abuso, una prepotencia.

Ante los periodistas: El presidente desprecia a los periodistas pero el vice se interesa en controlar los medios. Acaba de tomar las últimas decisiones sobre la conducción de La Razón, un diario que fue comprado en sociedad con el paraguayo-venezolano Carlos Gil Ramírez y que ahora, como resultado de los coletazos de la corrupción venezolana, ha quedado exclusivamente en sus manos. Su decisión es que el matutino de Auquisamaña sea cada vez más militante en su apoyo al gobierno, y a su futura campaña para la sucesión. Él tiene en la redacción una “comisaria política” pero deja que Iván Canelas marque la línea informativa.

Es ante estas dos visiones tan diferentes de la realidad y del proyecto político que algunos empresarios están insistiendo en estos días en la urgencia de definir condiciones claras para la inversión privada.

 

Otra política petrolera

El crudo invierno de la región ha provocado un veranito en las ventas de gas natural boliviano.

Gracias a eso, la semana pasada YPFB informó que por ahora dejará de importar gasolina, pues la producción de líquidos ha aumentado en proporción a la del gas natural.

La demanda brasileña y argentina de gas obligó a elevar la producción hasta 42MM m3/d, que es tope de la capacidad actual.

Caen las reservas: Pero el ministro de Hidrocarburos, Fernando Vincenti, dio una señal preocupante al pedir formalmente a esos dos países que a partir de ahora sus pedidos para recibir mayores volúmenes de gas sean hechos con más anticipación.

El pedido del ministro coincidió con las preocupantes versiones sobre un brusco descenso de las reservas probadas, que fueron medidas por la empresa Ryder Scott.

Las primeras cifras de ese estudio que se filtraron desde fuentes de YPFB provocaron que el gobierno haga saber que el resultado final será dado a conocer a fines de agosto.

Pero fue curioso cómo YPFB, sin ninguna explicación mayor, informó que en Sararenda, un campo de la región de Camiri donde todavía no se han hecho perforaciones, existiría 1,2 TCF de gas natural.

Lo cierto es que las cifras hablan de 10 TCF de reservas probadas en todo el país, lo que ubica a Bolivia en el quinto lugar en Sudamérica, detrás de Venezuela, Perú, Argentina y Brasil, que tienen 150, 19, 14 y 12 TCF respectivamente.

Nueva actitud: Esta mala noticia explica muchas cosas, comenzando por la rudeza con que el gobierno ha decidido tratar a los pueblos originarios que quieren ejercer el derecho que les da la constitución de objetar proyectos que puedan afectar el medio ambiente.

Otra señal de esa preocupación fue la decisión de YPFB de ofrecer 17 nuevas áreas de exploración a las petroleras, ya sin la condición de que los pueblos originarios las aprueben.

Y la última señal ha sido el anuncio del gobierno de que se apresta a aprobar una nueva ley de inversiones, donde seguramente ha de incluir algunos cambios que alienten la llegada de capitales

Los factores preocupantes respecto del gas natural son las condiciones creadas por la nacionalización, pero sobre todo el hecho de que las petroleras sólo pueden aspirar a ser tomadas en cuenta como prestadoras de servicios de YPFB.

Diferente realidad: Esa y otras condiciones fueron creadas cuando el país era considerado todavía como el que mayores reservas de gas tenía en la región, con los mercados de Brasil y Argentina en total dependencia del gas boliviano.

Pero las cosas han cambiado desde entonces. No solamente está el hecho de que Brasil y Argentina tienen posibilidades de reemplazar el gas boliviano por el que producen en sus propios territorios o por el que pueden traer de ultramar, como GNL.

Desde 2006 hasta ahora, se ha desarrollado la tecnología para recuperar el gas de reservas no convencionales como las lutitas, a tal grado que hay una sobreoferta en el mundo.

Una ley de inversiones petrolera que no tome en cuenta estos cambios sería inservible.

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