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Las temerosas petroleras

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Recuerdos del presente

Los cambios petroleros

Humberto Vacaflor

El señor Saúl Ávalos, sexto ministro de Hidrocarburos del actual gobierno, con méritos similares a sus antecesores para ocupar el cargo, dice que llegó a un acuerdo con las petroleras para asegurar el suministro de combustibles al mercado interno.
La novedad que trae Ávalos es que no amenaza a las empresas con expulsarlas si no invierten, como hicieron sus antecesores. Tiene otro tipo de pecado: no sabe por qué no invierten las petroleras.
En este momento, no hay inversiones porque la disposición transitoria octava del proyecto de nueva constitución dice que los contratos vigentes, que el gobierno demoró un año en redactar, deben ser cambiados. En 2010 las petroleras deberán pasar a ser simples prestadoras de servicios.
No hay inversiones porque, además, los artículos 191 y 192 de aquel texto establecen que los pueblos originarios campesinos deberán fijar las nuevas reglas del juego para las operaciones económicas en sus territorios y que sus decisiones serán inapelables. Las petroleras sospechan que en esa instancia las reglas del juego empeoren todavía más para sus intereses.
Y hay otras causas para la falta de inversiones petroleras. El señor Enrique Costurera, presidente de Repsol-YPF, opina que con el petróleo en precios bajos será muy difícil que las petroleras operen en países donde rigen condiciones duras, como Bolivia o Venezuela.
Lo que se está viviendo ahora en el campo petrolero mundial es la reacción del mercado ante el nivel de delirio al que llegó el precio del crudo antes de esta crisis, de 147 dólares por barril en julio pasado. Y los países consumidores han comenzado a tomar medidas para no depender del petróleo que producen países regidos por gobiernos poco amistosos o impredecibles.
Argentina, por ejemplo, decidió poner como Plan B la posibilidad de recibir mayores volúmenes de gas boliviano. Julio de Vido, el hábil negociador petrolero de la dinastía K, dejó contento a Ávalos diciéndole que el futuro del gasoducto del nor-este argentino dependerá de la “capacidad de suministro de Bolivia”. Ávalos volvió con la ingenua idea de que el gasoducto estaba asegurado.
El Plan Gas de Brasil preveía que la producción interna fuera suficiente para sustituir al gas boliviano en 2009. Petrobrás pidió disculpas porque esa meta se cumplirá un año después, en 2010, pero se cumplirá.
Y las inversiones fluyen a Perú, donde las reservas probadas ya superan a las bolivianas y tienen la posibilidad de seguir creciendo. Las condiciones legales y tributarias serán fijadas por el Congreso Nacional de la República del Perú.
Los países consumidores están buscando alternativas, preferiblemente de producción propia. El año pasado, la demanda de gas de Estados Unidos consumió 19,5 TCF, un poquito más que las reservas probadas de Bolivia. Pero, gracias a nuevos yacimientos, las reservas probadas de norteamericanas no disminuyeron: crecieron en 46,4 TCF y ahora están en 237,7 TCF.
Y el precio del petróleo sigue cayendo. El crudo venezolano cayó a 40 dólares el barril y vino a explicar por qué Higo Chávez ha enmudecido de pronto.
Y una novedad, para cerrar: con el actual precio de la soya, el litro de biodiésel boliviano costaría cinco bolivianos, menos de la mitad de lo que cuesta el diésel venezolano.

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