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Mi teleférico no sirve, sólo fue electoral

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Los teleféricos son un fin en sí mismos


Una crítica a la estética del teleférico y una llamada de atención al atropello a la imagen de Miraflores con la anunciada línea Blanca. domingo, 14 de junio de 2015


Juan Francisco Bedregal Villanueva 
Arquitecto

Según las declaraciones del ejecutivo de  Mi Teleférico, su teleférico ha transportado al pasajero número 20 millones  hasta el mes de conmemoración del primer año. Esto significa que el uso del teleférico es de apenas el 18,16%. Esto, desde luego, puede tener dos posibles explicaciones: o que ha sido sobredimensionado o que ha sido mal planificado. Lo cierto es que no ha disminuido la cantidad de viajes de los minibuses que bajan de El Alto a la ciudad de La Paz, y que crean un gran congestionamiento en la Ceja (capacidad instalada 18.000 pasajeros/hora por 17 horas/día = 306.000 pasajeros día, por 30 días, nueve  millones 180 mil pasajeros mes, por 12 meses = 110 millones, 160.000  pasajeros al año).

En el mundo del urbanismo, no se hace un proyecto sin una línea de horizonte y sin una evaluación de fases y objetivos, medida necesaria para corregir los errores. Lo que correspondería no es sólo la observación de los proyectos de flujos, sino una auditoría no sólo financiera, sino operativa para saber si los objetivos y los presupuestos se cumplieron o no. 
Desde luego que sobre un rendimiento tan bajo no es posible continuar sin un sereno balance y con la necesaria transparencia la ampliación que se pretende debe realizarse bajo las leyes nacionales vigentes. No se trata de un caballo regalado al que no se le miran los dientes, sino una inversión pública que debe enmarcarse en la Ley General del Transporte   165, que indica  en el artículo 22  (Gobiernos Autónomos Municipales) que "los gobiernos autónomos municipales tienen las siguientes competencias exclusivas: a) Planificar y desarrollar el transporte urbano, incluyendo el ordenamiento del tránsito urbano en toda la jurisdicción municipal”. 
Por ello resulta muy sospechosa la prisa con la que Mi Teleférico se lanza a la iniciación de obras, sabiendo que  recién se instalaron los flamantes gobiernos municipales de La Paz, El Alto y también el de la Gobernación, que también tiene competencias que han sido sobrepasadas por la instalación de los teleféricos.
Lo primero que debe resolverse es la administración de los teleféricos, ya que éstos no pueden estar al margen de la planificación urbana de la ciudad: deben someterse a la ley y ser parte orgánica del resto de planes que tienen el municipio y la Gobernación. Tal como están y como han sido concebidos, no son muy útiles, entran en conflicto con la natural estructura urbana. Actualmente están totalmente divorciados de la realidad de la ciudad de La Paz, son totalmente extraterritoriales, se originan en otra ciudad que tiene sus propios problemas, pero circulan por ésta sin servir de manera adecuada. Los paceños decimos que se hicieron para los alteños, y los alteños dicen que sólo corren por los cielos paceños, o sea que ellos no los sienten suyos. En realidad, como fueron instalados no son ni de El Alto ni de La Paz, son de "Mi Teleférico”. Un reducto extraño a la ley, que ni siquiera los considera como posible alternativa.
Los teleféricos son un fin en sí mismo
Está mostrado a todas luces que lo que importó en el momento del diseño y de la consultoría fueron los teleféricos en sí, y no la ciudad. Los teleféricos como objetivo, no sólo político o electoral sino también técnico y económico -en términos de retorno, no pagarán nunca el capital-  no son un medio de transporte.
Realizar un plan de ampliación sobre un éxito del 18,16% de eficiencia no parece ser una medida racional, pero hacerlo sobre lugares que no lo requieren resulta un despilfarro sin plan, sin estudios a conciencia, sin coordinación; es algo inaceptable. Más aún: si afecta partes fundamentales de la ciudad, es un despropósito o un solipsismo rayante en la locura.

Línea blanca: impracticable
La otra vía que parece impracticable es la línea Blanca que pretende instalar un artefacto nada menos que en el Campo de Marte, desconociendo su importancia y valor simbólico; no sólo como monumento a la Revolución y a los héroes de la Guerra del Chaco sino a la historia del país. Instalar descomunales postes sobre la única gran avenida de la ciudad jardín realizada por Don Emilio Villanueva sobre la avenida Busch, sacrificando también las otras dos plazas emblemáticas del barrio (la del monumento a Germán Busch y el parque del monumento al general San Martín) es intolerable.
Los monumentos han sido concebidos para un trazado urbano que puede crecer dentro de determinados límites,  proporcionales; en cambio el teleférico, por su propia tecnología, está fuera de la escala de este tipo de trazado. El tamaño de sus postes entra en contradicción con el equipamiento urbano de la zona de Miraflores, que tiene como límite el tránsito de rodados. El teleférico debe instalarse en lugares donde la mancha urbana encuentra límites naturales para su expansión normal. Una estación sobre el monumento a Busch eclipsa el sentido estético de su creación; lo mismo sucede en la plaza Villarroel y en la plaza Triangular. Es como hacer pasear a Gulliver por las calles de Liliput. Este sentido obsceno de contraponer los objetos urbanos  pone en evidencia el desconocimiento absoluto de un saber muy antiguo, pero muy necesario: la estética, que puede ser ignorada por la ingeniería o por la milicia, pero que es piedra de toque en la arquitectura. 
Sacrificar tres plazas fundamentales del barrio de Miraflores sería un acto de barbarie urbana, similar o peor al cometido por Banzer con la destrucción del estadio Hernando Siles de corte tiwanacota (el propio barrio de Miraflores es una réplica a los ejes Norte Sur, Este Oeste del Kalasasaya y el trazado urbano del Taypicala). 
Las plazas de La Paz no son terrenos baldíos: son plazas, y las plazas tienen una función y vocación que no pueden ser alteradas sin expresa aprobación de la ciudadanía, y menos en vísperas de la instalación de los gobiernos municipales recientemente elegidos que tienen absoluta legitimidad.

http://www.paginasiete.bo/ideas/2015/6/14/telefericos-mismos-59732.html

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