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Síndrome venezolano

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Síndrome venezolano

Incluso cuando los ingresos petroleros están muy disminuidos, las importaciones siguen creciendo y abarcan cada vez más a los alimentos, verduras incluidas.

El departamento de La Paz, con una población orgullosa de ser la conductora de las corrientes políticas nacionales, es el que encabeza la corriente importadora.

A pesar de representar 34% de la población nacional, el departamento de La Paz está en el puesto número siete en la lista de las exportaciones.

El síndrome: El hecho de que una economía dependa tanto de las importaciones, incluso de alimentos esenciales, es relacionado con países petroleros, como Venezuela. En ese país se ha anunciado oficialmente que en el año 2014, si unos proyectos del gobierno tuvieran éxito, las importaciones “solamente” cubrirían 70% de la canasta de alimentos.

Lo curioso es que no hay, del lado boliviano, por lo menos entre las actividades legales, una actividad económica dominante que se pueda comparar a la industria petrolera venezolana.

Un informe publicado por un matutino del gobierno boliviano dice que en los últimos meses el departamento de La Paz ha aumentado su dependencia respecto de las importaciones de alimentos peruanos, provenientes de Arequipa.

Escala de ingresos: El informe dice que los productores bolivianos no pueden competir con la escala de precios de los peruanos, con lo cual se explicaría la corriente.

Por lo tanto, el ingreso de los campesinos paceños es alto, tan alto que sus expectativas de ingresos hacen que no puedan dedicarse a la agricultura, a una agricultura competitiva.

Un estudio hecho el año pasado reveló que en la economía de los campesinos paceños, la agricultura representa solamente 40%, y que el resto tiene que ver con el contrabando, de importación y de exportación.

Un experto nacional comprobó hace poco, con mucha sorpresa, que las pipocas de maíz (pasankallas) que se venden en Copacabana no solamente son hechas de maíz peruano, sino que son elaboradas en el Perú e importadas de manera ilegal.

La población aymara tiene muy poca inclinación hacia actividades productivas y el departamento está dependiendo cada vez más de los ingresos generados por la coca de los Yungas, de Caranavi y de Alto Beni.

La actividad económica que genera la coca está elevando el nivel de ingresos y está desalentando a otras actividades, como es el caso de la producción de café.

Coca versus café: Un banco paceño comprobó que un productor de café en los Yungas gana menos cosechando y vendiendo su producto que trabajando como cosechador de una plantación de coca. La producción de café está en declinación, así como ocurrió con los cítricos.

Quienes sacan provecho de esta situación, del hecho de que la economía paceña padezca del síndrome venezolano, son los productores agrícolas peruanos.

El informe del diario oficialista La Razón dice que las importaciones comprenden millones de kilos de papa, cebolla y limones, sin contar los cítricos, las paltas, mangos y otras frutas que se venden en La Paz y El Alto.

Si la corriente importadora se acrecienta incluso cuando la economía boliviana sufre las consecuencias de la caída de los ingresos por la exportación de hidrocarburos, quiere decir que hay otras actividades económicas, más pujantes, que están convirtiendo a Bolivia en un país importador de alimentos.

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