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Se acabó la era del gas

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Recuerdos del presente

Una era muy corta

Humberto Vacaflor Ganam

Las más grandes empresas consumidoras de gas natural de Brasil están presionando a Petrobrás para que revise los contratos y rebaje el precio. La empresa no respondió pero en la décima subasta electrónica de gas tuvo que hacer ventas a un precio inferior en 47% al que rige para el contrato Bolivia-Brasil: el mercado había dado la razón a las empresas que piden la rebaja.
Desde el sur, el 15 de este mes Argentina celebraba la conexión del gasoducto transmagallánico, que inyectará 18 millones de m3/d de gas natural al sistema. Esto se produce una semana antes de que llegue a Bolivia la presidente de Argentina, Cristina de Kirchner, para firmar un nuevo contrato para aumentar el volumen del acuerdo de compra-venta de los 7,7 millones de ahora a 25 millones. El ducto que se debe construir para ese propósito podría tardar, porque Argentina no necesitará mayores volúmenes por mucho tiempo, gracias al transmagallánico.
Lo que está ocurriendo con ambos países vecinos es que están llevando las cosas, por fuerza del mercado, a que Bolivia revise el precio del gas. Cuanto más intenten las autoridades nacionales mirar para otro lado y hacerse los suecos, menos volúmenes requerirán esos países. Es lo que se llama una negociación indirecta, hecha con efectos externos.
La posibilidad de que el gas boliviano sea vendido a Uruguay no compensa los volúmenes que podrían absorber los mercados de Brasil y Argentina. A pesar de todas las alusiones a la solidaridad brasileña y a la hermandad argentina, esos dos países tienen planes precisos para atender la demanda uruguaya de gas natural. Por lo menos Brasil tiene el proyecto de instalar en el extremo sur de su territorio una planta de regasificiación para recibir gas natural licuado (GNL) en volúmenes suficientes para atender, también, el pequeño mercado de Uruguay.
Y Chile, como se sabe, está recibiendo GNL en Quinteros y en Mejillones. No necesita el gas boliviano. Y no lo quiere. El tono de este mensaje será mucho más preciso cuando llegue al país el nuevo cónsul general chileno, un diplomático para quien a Chile le conviene no tener relaciones diplomáticas con Bolivia. (Parece que la “diplomacia de los pueblos” que practica el presidente Evo Morales no impresiona a los chilenos).
Lo cierto es que, por donde se mire, ha desparecido la posibilidad de que Bolivia siga viviendo del gas natural. La era del gas ha durado lo que una salva de cohetes. Esto es resultado de muchos errores, combinados con el surgimiento de una enorme sobreoferta de gas natural en todo el mundo, producto del descubrimiento de yacimientos no convencionales y una flotilla cada vez más grande de buques que ofrecen por todos los mares, a precios de ocasión, el gas congelado que llega desde Rusia, Qatar, Malasia y, dentro de poco, incluso de Brasil.
Para Bolivia, la era del gas duró muy poco también debido a que no pudo competir con otro producto, la estrella de la economía regional. La coca y la cocaína están mostrando que, si se cierra un ojo, y hasta dos, ¿quién necesita los ingresos del gas natural? Es la era del pecado.
Una era por otra.


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