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Las ropas del comandante

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Economía de palabras

 

Las ropas del comandante

 

Humberto Vacaflor Ganam

 

Como en el cuento de Hans Christian Andersen, parece que ha llegado el momento en que hay que preguntarse, con todo respeto, si el comandante Fidel Castro no está gagá.

Decir un día que el modelo económico cubano no sirve ni siquiera para los cubanos y luego, leyendo un texto, decir que el periodista no entendió su “profunda ironía”, es mostrar que el problema es grave.

La “profunda ironía” del comandante era de veras muy profunda, porque, según él mismo la explicó, su definición sobre el modelo cubano fue una forma elíptica de decir que el modelo capitalista no sirve ni siquiera para los norteamericanos.

Quizá el comandante esperó demasiado de los periodistas que lo entrevistaron. O quizá olvidó que la ironía es una figura muy difícil de usar. En un extremo está el riesgo de que termine siendo un sarcasmo y en el otro que no se entienda y se la tome al pie de la letra.

Hay otra interpretación. El certificado de defunción de la revolución cubana, pronunciado por el comandante, fue pensado para ayudar a las reformas que aplica Raúl Castro, abriendo la economía cubana al sector privado, pero olvidó que estaban muy cerca las elecciones de Venezuela.

Por lo tanto, cuando el comandante dijo que el modelo cubano no era de exportación, porque no sirve ni siquiera para los cubanos, estaba olvidando que a orillas del Orinoco hay alguien que presume de estar siguiéndole los pasos.

Es cierto, el charlatán del Orinoco no tiene las condiciones del comandante Castro. No bajó triunfante de ninguna Sierra Maestra: saltó a la arena política como un vulgar golpista.

Pero el comandante no quisiera dejarlo colgado. Por eso decidió sacrificar su enorme prestigio y quedar en ridículo diciendo que no dijo lo que dijo.

Porque la otra interpretación está inspirada en Andersen y el cuento sobre las ropas de emperador.

Yo voto porque el comandante se inmoló para proteger al charlatán del Orinoco.

Siempre ha tenido una fuerte dependencia de quienes regalan petróleo a la isla.

 

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