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Radiografía del populismo

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Yo no soy un hombre, soy un pueblo

Héctor Abad Faciolinci -

el mayo 24, 2018

  

Voy a desarrollar la afirmación categórica de mi artículo de hace una semana: Petro es chavista. Las siguientes son mis tesis o, para ponerlo en tono menor, mis hipótesis sobre el chavismo de Petro.

1. Por chavismo entiendo la identidad con el análisis social y la práctica política que llevó al poder al coronel Hugo Chávez en Venezuela. Esta afinidad con Chávez, por motivos de táctica electoral, debe ocultarse hasta el punto de que no se sospeche por parte de Petro ni la menor simpatía con el ideario bolivariano. Por seguir estas prácticas, al tiempo que se las niega, se las oculta y hasta se las critica, a Petro se lo puede definir como criptochavista.

2. Lo fundamental del petrochavismo (del chavismo al estilo de Petro) es un axioma muy simple: hay un culpable y yo sé quién es.

3. ¿Quién es ese culpable? La vieja élite oligárquica y corrupta, que debe ser sustituida por mí. ¿Y quién soy yo? Yo soy el iluminado, Chávez (Petro), y además represento la encarnación del pueblo. “Yo no soy un hombre, soy un pueblo”, en palabras de Gaitán.

4. ¿Y quién es el pueblo? El pueblo, a quien yo represento, son los oprimidos, los silenciados, los humillados por la vieja oligarquía colonial, culpable de todos nuestros males.

5. Bajo la dirección de ese gran caudillo, Chávez (Petro), la burguesía depredadora y corrupta debe ser arrasada y sustituida por un nuevo liderazgo popular cuya principal característica es el resentimiento: no hay mérito alguno en quienes han gobernado y dirigido este país (Venezuela o Colombia), ni en quienes han construido sus instituciones (ministerios, hospitales, universidades públicas y privadas, institutos) o creado sus empresas (públicas como EPM o el Banco de la República, privadas como Bancolombia, u oligopólicas como Ardila, Sarmiento y Santodomingo).

6. Esas entidades ineficientes y corruptas van a ser intervenidas y reformadas por mí. De la misma manera las empresas públicas y privadas deben ser dirigidas por líderes populares de confianza (la nueva élite boliburguesa) que devolverán la riqueza al pueblo. Y el pueblo es Chávez, es decir Petro, que repartirá entre todos los desposeídos esa riqueza como un padre benévolo, bajo forma de casas, mercados, subsidios, puestos de trabajo, etc.

7. Todos los líderes populares de cuño chavista, es decir indignados y voluntaristas, le rendirán cuentas a Chávez (Petro), y este podrá ponerlos en sus nuevos cargos o deponerlos a su amaño. Para que esto pueda darse, habrá que devolver al pueblo el aparato judicial que antes estaba en manos de la vieja élite sangrienta y corrupta. Y para tal fin, si es necesario, se convocará una constituyente que redacte una Constitución a la medida del pueblo (es decir, de Petro).

8. Veamos un ejemplo de empresas que deberán ser tomadas y sustituidas por la nueva élite: Hidroituango. Esta no es una gran obra de ingeniería eléctrica en dificultades, sino solo un despojo que se realiza mediante una alianza grosera entre la cúpula empresarial y política que pretende: a) Explotar abusivamente los recursos naturales del pueblo; b) Agredir, inundar, asesinar y desplazar al pueblo; c) Ocultar los crímenes de la oligarquía, o sea sepultar bajo las aguas y el limo las fosas comunes de las masacres cometidas allí; d) Degradar el medio ambiente, antes impoluto, del pueblo.

El nuevo régimen popular producirá electricidad, en caso de que algunos consumistas la exijan, con métodos alternativos tan limpios y milagrosos que se reducen a un solo método: el entusiasmo, la voluntad y la creatividad del pueblo (es decir, de Petro). El nuevo líder, que halaga la ignorancia del pueblo haciéndole creer que tiene dotes de empresario, ingeniero, legislador, obrero calificado, etc., es el demagogo por excelencia. El populismo, encarnado por un líder megalómano y dueño de soluciones mágicas, es capaz de destruir un país, como en efecto sucedió ya en Venezuela. Petro es la manifestación local de esa misma megalomanía.

(El Espectador)

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