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Prohibido mencionar el narcotráfico

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Recuerdos del presente

 

Las guerras de la cocaína

 

Humberto Vacaflor Ganam

 

Antes de partir a su retiro, Lula da Silva decidió atender los dramáticos mensajes del derrotado opositor José Serra sobre el peligro del narcotráfico, y ordenó al ejército brasileño recuperar la soberanía del Estado sobre las favelas.

Esta guerra podría ser más difícil que la del Acre para el Ejército brasileño. Son 200 las favelas donde se comercia la droga, que en 85% proviene de Bolivia. Sólo en el primer día de esta guerra cayeron treinta muertos, en la batalla del barrio Penha de Río.

Serra perdió las elecciones pero su mensaje es atendido ahora por el gobierno de Lula, un anuncio de que la señora Dilma Roussef ha de ser mucho más severa con este flagelo, la peor amenaza para Brasil de sus vecinos hispanoparlantes.

Marco Aurelio García, el principal asesor de Lula, advirtió al gobierno boliviano hace tres meses que el gas natural dejaba de ser el primer tema de la agenda bilateral porque ahora ese lugar lo ocupa el narcotráfico.

Algo sabe de esto el presidente Evo Morales, que admitió no haber felicitado a la señora Roussef por su triunfo electoral. Si ella visitara Bolivia jamás aceptaría un collar de hojas de coca. Ahora se sabe que Lula aceptó aquella guirnalda sólo porque quería complacer a su anfitrión, para que se quede contento y no objete las represas sobre el río Madera. Todo sea por la grandeza de Brasil.

Tres helicópteros llegaron para la policía boliviana como obsequio de Brasil, para el control de la frontera común. El mensaje es una indirecta que alguien deberá entender.

El segundo país mas grande de América Latina, México, se desangra con la guerra del narcotráfico. En la frontera norte las víctimas mortales sumaron 30.000 en los últimos cuatro años.

Las mafias con nombres guerrilleros, como las FARC, controlan parte de Colombia y dominan importantes ríos de Venezuela por donde sale la droga sudamericana con destino a Europa. Una mancomunidad de mafias opera en la zona, incluida la rusa.

En Perú, Sendero Luminoso controla el Valle de los Ríos Apurimac y Ene (VRAE), y de esa manera maneja los cocales y las fábricas de cocaína, que llega a Brasil por la cuenca del Amazonas.

Chile prepara la instalación de una barrera electrónica en la frontera con Bolivia para impedir el ingreso de la cocaína.

Todo esto, y mucho más, fuera de las fronteras. Dentro de Bolivia la guerra de la cocaína es muy amplia. Los cocaleros siguen avanzando por todo el territorio, según denunció Sergio Ramírez, de los Yungas de La Paz.

Pero la violencia ha comenzado también en Bolivia. La semana pasada un paro de protesta contra la violencia del narcotráfico en Ivirgarzama, el corazón del Chapare, fue poco cubierta por los medios, que el gobierno considera opositores. El primer paro de protesta del Chapare en este gobierno. Los medios propios y los sumisos, que ahora son mayoría, no cubrieron el hecho.

El narcotráfico está muy fuerte. El gobierno ha decidido prohibir que se lo mencione. Un obispo y el jefe de la policía estuvieron en peligro la semana pasada, por haberlo mencionado.

El método elegido no parece muy inteligente para enfrentar esta guerra.

 

 

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