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Progresa la ilegalidad

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Recuerdos del presente

 

El poder ilegal

 

Humberto Vacaflor Ganam

 

Los contrabandistas que tenían motorizados ilegales y se beneficiaron con la amnistía dictada por el gobierno, pueden pagar la legalización en cómodas cuotas. El Estado boliviano avala estas facilidades financieras para los contrabandistas.

Los ayllus del altiplano acaban de ganar una batalla importante: los avasallamientos de empresas mineras que hagan a partir de ahora se resolverán en una negociación con el arbitraje del Estado, pero siempre a favor de ellos. La ley de minería se está escribiendo de tal manera que no sean afectados los derechos de los asaltantes de minas.

Los pueblos originarios del parque Isiboro-Sécure, que no quieren ver a su región convertida en un nuevo Chapare, repleto de cocales ilegales, son acosados por el Estado. Quienes quieren cuidar el parque natural son tratados como violadores de la ley, como los ilegales. El propio presidente los amenaza y les dice, de frente, que la opinión que ellos tengan sobre el proyecto de la “carretera da cocaína”(José Serra) a través del parque, no cambiará su decisión de construirla.

La Bolivia ilegal sólo sabe de triunfos en esta época, sobre todo en el sector de la coca y sus derivados.

Los cocaleros ilegales del Chapare acaban de ganar una nueva batalla: no tienen que pagar impuestos por la venta de coca en Santa Cruz. Y pueden seguir entregando la materia prima, o el producto semielaborado, al narcotráfico.

La denuncia de la Convención de Viena de 1961 (contra las drogas), hecha por el gobierno nacional, es para defender el acullico de la coca, pero la medida tiene millonarios beneficiarios ilegales.

En primer lugar, al defender el acullico se defiende también a la hoja que no es para el acullico, sino para el narcotráfico: 80% del total. El monstruo se protege poniéndose detrás del ingenuo acullico.

En segundo lugar, al denunciar la convención de 1961 el Estado boliviano se libera de la obligación de combatir el narcotráfico. Los narcotraficantes deben sentirse felices y triunfantes.

Ha nacido una nueva Meca del narcotráfico. Según El Tiempo de Bogotá, 3.000 narcotraficantes colombianos llegaron a Bolivia en los últimos cuatro años. Es un éxodo que obedece a las condiciones que se dan para el trabajo de las mafias en Colombia y en Bolivia.

En los últimos años, los grupos armados que protegían a los cocaleros y a los narcotraficantes han perdido el control que tenían de amplios territorios en ese país.

Es que los narcotraficantes colombianos usan un método ineficiente. Creen que para violar las leyes, cultivando coca y fabricando droga, tienen que armar grupos guerrilleros. Qué torpes. En Bolivia, en cambio, los narcotraficantes miran con satisfacción cómo los “sindicatos” de cocaleros cumplen esas funciones y hasta pueden aspirar a controlar el poder político. Con resultados de fantasía.

Es una cuestión de métodos. Lo ilegal, cuando es manejado con estilo ladino: “¿de qué vamos a vivir nosotros los pobrecitos cocaleros?”, es más eficiente que cuando está en manos de torpes mercenarios.

Con el método boliviano mueren algunos militares y policías, pero nadie se acuerda de ellos. El método colombiano es todo un embrollo logístico. Y no se puede jugar a la política.

En el dominio de la ilegalidad, Bolivia ha dado grandes pasos.

 

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