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Presos manejando una cárcel: Bolivia

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En ese recinto deciden el destino de los reos
Desde Chonchocorito manejan las llaves secretas de la cárcel
Corrupción. Ahí los jefes de los clanes toman contacto con los recién llegados. Les ofrecen seguros de vida y los extorsionan.
Sábado,  24 de Agosto, 2013
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Ref. Fotografia: Panorámica. Una imagen del área exterior de la zona de máxima seguridad de Chonchocorito.

En 1995, cuando se inauguró el pabellón de máxima seguridad llamado "Chonchocorito", en Palmasola, la leyenda escrita en una de sus paredes "Quien no tiene una razón para morir, nunca la tuvo para vivir", pareció definir la orientación del lugar donde ha ocurrido la mayor tragedia carcelaria de Bolivia.  Chonchocorito ha sido bautizado hace poco con el nombre de "PC-3", para identificar a los 7 recintos que tiene Palmasola desde su creación hace 14 años. Pero no es uno más de todos. Es el ambiente donde se manejan las llaves secretas y donde se mueven los hilos de los 5 mil reos, según comenta un policía que pide mantener su nombre en reserva.

Ahí les hacen el recibimiento. Cualquier recluso que por esas circunstancias de la vida cae en "Palmalandia" o "la universidad", como la llaman a Palmasola, es llevado directamente al pabellón de ambientamiento, ubicado en el recinto de Chonchocorito.

Chonchocorito tiene dos ambientes, un recinto de ambientamiento planificado inicialmente para instalar talleres de terapia ocupacional, pero que al final se convirtió en el sitio de contacto hasta donde se desplazan los reos más peligrosos que salen de sus celdas y toman contacto con ellos, refiere la representante de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, Yolanda Cabrera.

"Tienen tarifa para todo y lamentablemente es con la complicidad de mis camaradas", dice la fuente policial.

Tarifas. Un seguro de vida, ofrecido generalmente a narcos extranjeros, cuesta entre 500 a 1.000 dólares iniciales, porque después por los servicios de guardaespaldas ofrecen desde 100 a 300 dólares mensuales. Pero la red extorsiva también avanza hacia los familiares que quieren quedarse a dormir en cualquiera de los pabellones, pues ahí deben pagar entre 50 y 100 dólares y en caso de cumpleaños u ocasiones especiales, se dan casos que llevan prostitutas. También en complicidad con los policías venden bebidas. Una botella de whisky cuesta hasta 1.000 dólares y una caja de cerveza, 100 dólares.

Una mujer que tiene un familiar recluido en el pabellón B se quejó que cada que ingresa a ver a su pariente tiene que llevar plata y la obligan a compartir con los jefes de los pabellones A y B, todas las cosas que lleva.

El autor de esta crónica es Roberto Méndez, matutino El Día de Santa Cruz.

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Roberto Mendez
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