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Presidente a medio tiempo

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Recuerdos del presente

El tiempo del presidente

Humberto Vacaflor Ganam

Cuando el presidente Evo Morales asumió el cargo en enero de 2006 decidió rebajar su salario a la mitad de lo que percibían sus antecesores. Habría que revisar ese contrato porque hay motivos para sospechar que el presidente dedica muy poco de su tiempo a gobernar el país, mucho menos de la mitad.
Ha sido el principal actor de las campañas electorales que se han sucedido desde aquel enero de 2005, en calidad de presidente-jefe de campaña, aunque más jefe de campaña que presidente. Después de cada elección –ahora se sabe- el presidente-jefe de campaña pasa a ser presidente-controlador de resultados, para luego hacer el rol de presidente-fiscal acusador contra jueces electorales, mientras es presidente-incitador de asaltos a las cortes electorales.
En las últimas semanas, el presidente Morales sólo interrumpió su función de presidente-jefe de campaña cuando fue llamado por Hugo Chávez para que vaya de inmediato, perdiendo los zapatos, a conversar con Vladimir Putín en Caracas. Este ex presidente ruso, que no es un delincuente confeso pero tiene una fortuna de 40.000 millones de dólares, ha merecido del presidente Morales más atención que los temas que interesan a los bolivianos.
Una delegación de representantes de ocho grandes empresas brasileñas estuvo en Bolivia para hablar de inversiones pero el presidente no tuvo tiempo para ellos. Estaba ocupado revisando los resultados de la primera elección que su partido pierde desde 2005.
Entre esos empresarios estaban algunos dedicados a la minería pero se enteraron de que no pueden hablar del tema en Bolivia porque la ley de minería está en revisión. Otros querían hablar de inversiones en agricultura pero alguien les sopló que el gobierno tiene la costumbre de prohibir exportaciones en cualquier momento. Y los interesados en invertir en industria se decepcionar al saber que Bolivia tiene como única política comercial en no firmar nunca, jamás, un TLC con nadie, porque ese es un instrumento del capitalismo.
Cuando esos brasileños llegaban a Bolivia se estaba yendo –o por lo menos tenía las maletas hechas- la Jindal Steel & Power, una empresa que estuvo tres años tratando de iniciar una actividad pero que se cansó de buscar un interlocutor serio en el gobierno boliviano.
¿Vas a hablar de minería? Falta la ley. ¿Vas a hablar de agricultura? Hay prohibiciones para exportar. ¿Vas a hablar de negocios? Somos anticapitalistas.
Lo que quizá se podría hacer, en vista de que el presidente no tiene mucho apego a la idea de gobernar y quiere seguir en la campaña por la revolución indigenista originaria y campesina universal, sería contratar a alguien que gobierne Bolivia.
Eso sí, el elegido tendría que comprometerse a que trabajará por todo el país y no por una sola región, que dedicará todo su tiempo a la gestión de gobierno.
Porque lo que hemos visto ahora del actual presidente es que, aparte de incentivar a las empresas importadoras de césped sintético, no ha hecho mucho por la economía del país.

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