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La plusvalía de las revoluciones

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Recuerdos del presente

Tiempo de guardar

Humberto Vacaflor Ganam

Un venezolano informa que algo pasa en su país, que muchos chavistas están partiendo al exterior después de haber acomodado sus bienes y haber tomado previsiones sobre sus ahorros, que en algunos casos son cuantiosos, muy cuantiosos.

Aquel chavista que en los últimos meses hubiera tenido la posibilidad de recibir del Banco Central un millón de dólares al precio preferencial, con el argumento de que los necesita para importar alimentos, y los haya vendido en el mercado negro con una ganancia de 80 por 1, se hizo millonario de la noche a la mañana. Y son muchos los que hicieron ese negocio tan imaginativo.

En argentina, los peronistas que hicieron jugadas igualmente brillantes aprovechando el desbarajuste monetario que mantuvo el gobierno de la viuda de Kirchner, también han visto que llegó el tiempo de guardar, de guardar todos los tesoros acumulados.

Los corruptos brasileños se llevan la flor. Hicieron con ese país lo que ni siquiera los portugueses se habían atrevido a hacer. Los desvalijaron, pero en proporciones brasileñas, tan grandes como Iguazú, como el Amazonas o como un 7 a 1.

Venezolanos, argentinos y brasileños que están mirando este espectáculo de escapismo preguntan si valió la pena haber apoyado a gobiernos que —con el pretexto de distribuir la plusvalía, o lo que llamen los marxistas apresurados a la ventaja de haber manejado los recursos— se enriquecieron en proporciones gigantescas, creando un nuevo concepto: la plusvalía de las revoluciones.

Quien maneja una revolución tiene la ventaja de quedarse con los rebalses, además de contar con la posibilidad de defenderse de quienes observan el hecho diciendo que se trata de acusaciones de contrarrevolucionarios, de agentes del imperio, de oligarcas, o lo que sea.

En Bolivia, la danza de los millones de dólares que fugaron del “Fondo Indígena” parece un juego de niños frente a lo que, según denuncia la opositora Jimena Costas, se llevaron otros funcionarios, ya no indígenas, de decenas de contratos apresurados, compras sin licitación, hasta montos que nadie había soñado jamás en Bolivia.

Detrás del Fondo Indígena hay un telón de fondo digno de las Mil y Una Noches. Para evitar que ese verdadero fondo salga a la luz, se ha organizado una fogata a la que se van lanzando la reputación de indígenas, con la intención de mostrar que el “proceso de cambio” es muy severo con los corruptos, siempre que calcen ojotas.

Vacaflor.obolog.com

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