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Pescados o soya

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Economía de palabras

 

El pescado del pobre

 

Humberto Vacaflor Ganam

 

Lo que está pasando con la escasez de sábalos en el río Pilcomayo muestra el drama de los pueblos que viven en tierras altas acostumbrados a comer el pescado que llega desde las tierras bajas.

Argentina y Paraguay hicieron obras que modificaron el curso del río en sus territorios y de esa manera impidieron que el sábalo, de la familia del salmón, que va río arriba, llegue hasta Bolivia.

Los soyeros de Wasmosy, en Paraguay, y de la región de Formosa en Argentina prefieren tener agua para sus nuevos cultivos que permitir el paso de los sábalos a Bolivia.

El problema es que la mitad de los bolivianos está acostumbrada a comer ese pescado, tanto que en Tarija se le llama solamente pescado, no sábalo.

El problema se complica cuando el pueblo de las alturas no tiene un canciller que los represente y que haga escuchar la protesta ante los vecinos.

Una delegación del pueblo weenhayek tuvo que viajar a Argentina para hacer el trabajo de la Cancillería de Bolivia y reclamar por el atropello. Se sabe de unos guaraníes que viven medio año en Bolivia y el resto en Paraguay, y que ahora están en Villa Montes, que no saben si van a cuidar el medio ambiente de los trabajos de las petroleras o van a ocuparse del pescado de cada día de este invierno.

El canciller David Choquehuanca está ahora en Moscú explicando cómo es que el gobierno boliviano cuida la naturaleza y se ocupa de los pueblos originarios. Tanto se ocupa que acaba de crear una etnia híbrida en Santa Cruz para usos conspirativos.

Así como los weenhakek ha tenido que viajar a Argentina para reclamar por el sábalo, los pueblos originarios del Beni, etnias verdaderas y no híbridas, van a tener que viajar pronto a Brasil para reclamar por la escasez de peces en los ríos bolivianos cuando estén concluidas las represas sobre el Madera.

Porque de la cancillería boliviana no hay que esperar nada. El propio presidente, que estuvo hace dos semanas en Paraguay no tuvo la iniciativa de reclamar por el Pilcomayo. Más interesado estaba en insultar a los medios de comunicación bolivianos.

Cuando están a punto de ser derrocados los gobernadores de Beni y Santa Cruz, y la alcaldesa de Oruro tiene las horas contadas, habrá que preguntarse si, además de conspirar, el gobierno no podría ocuparse de las cosas que interesan a la gente.

 

 

 

 

 

 

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