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Los perseguidos de siempre

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Economía de palabras

 

Los perseguidos

 

Humberto Vacaflor Ganam

 

En muy pocos días, e incluso en pocas horas, me tocó hablar con personajes que, por diferentes razones, son los perseguidos.

Hablé en Cochabamba con el doctor Tulio Simoncini, un médico oncólogo que es perseguido por haber propuesto una cura novedosa, pero sobre todo barata, para el cáncer.

Hacía tiempo que no había estado en contacto directo con el acento de un romano, y me provocó nostalgias.

Hace pocas semanas, en una trampa que le tendieron, estuvo a punto de ser detenido en Suecia, acusado de ejercicio ilegal de la profesión.

Su pecado: sostener que el cáncer es un hongo y que ese hongo puede ser eliminado mediante el uso del bicarbonato. Lo ha probado muchas veces pero sus colegas no le perdonan la irreverencia, y mucho menos le perdonan las grandes empresas que venden los costosos tratamientos para el cáncer.

En Cochabamba también estuve con Líber, mi maestro. Un perseguido de toda la vida. Ni recuerda cuántas veces salió al exilio. Algunas veces lo acompañé a salir del país, o entrar, en los días de los sobresaltos y del miedo. Su propuesta es tan simple como la de Simoncini: para vivir no es necesario buscar el poder y mucho menos la fama y la notoriedad. En un país repleto de figuretis, como alguno que llegó a saludar a Líber por sus 95 años, es una rara avis, un perseguido.

Y me llamó mi amigo Gary Prado Salmón, otro perseguido. Está preso, con detención domiciliaria, desde hace cuatro años y medio. Es acusado de haber participado en el caso “terrorismo-separatismo”, un caso inventado, muy mal, por un pésimo terrorista que ahora funge de vicepresidente. Su pecado es haber capturado al Che Guevara por orden de las FFAA de la república de Bolivia en 1967. Sus instrucciones eran que no se podía permitir en el territorio la existencia de grupos armados irregulares. En este momento tendría mucho trabajo mi amigo Gary, enfrentando a los ejércitos que tiene las FARC en el territorio boliviano, al PCC brasileño o a Sendero Luminoso de Perú, o a los propios cocaleros que tienen sus “defensas armadas”.

A Simoncini le hablé de Roberto Saviano, otro perseguido, éste por las mafias italianas. Y me quedé pensando en que se necesitaría un médico así de bueno para enfrentar el cáncer que está acabando con el cuerpo y la moral del país.

Vacaflor.obolog.com

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