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El periodismo de Evo

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Recuerdos del presente

Los errores cometidos

Humberto Vacaflor Ganam

Ya sea que el barco en que viajabas haya chocado con un iceberg o el gobierno del que formabas parte haya comenzado a tambalearse, es bueno descubrir lo que te llevó a esa situación.
Aquí hay errores muy groseros que es preciso identificar, para no volverlos a cometer, para el caso que el destino te dé una segunda oportunidad.
Este gobierno tiende a sobrevalorar la importancia de la comunicación. Ya lo dije en una columna que escribí en defensa del colega peruano Wálter Chávez.
El gobierno cree -y ese es su mayor error- que la comunicación puede reemplazar a la realidad, o por lo menos reformarla o reinventarla.
Ahora, como es notorio, está invirtiendo mucho dinero en comunicación. Compra, directamente o a través de testaferros, medios de comunicación, crea otros, algunos de ellos muy malos, y en todo eso gasta mucho dinero.
Es una realidad que beneficia a algunos periodistas –aquellos que se le aproximaron- y provoca una movilidad muy intensa en la propiedad de los medios. Por momentos resulta difícil identificar si algún medio sigue siendo independiente o ya fue comprado. Le atraen los medios y también los periodistas y sus organizaciones, pero tiene una actitud de nuevo rico, que todo lo quiere comprar.
Lo que tiene que entender el gobierno es que la realidad seguirá siendo la misma, por más que los medios sean independientes o comprados. Antes se hablaba de la princesa fea que rompía el impertinente espejo, pero ahora estamos ante una princesa que quiere comprar el alma del espejo.
Y eso te lleva a graves errores.
Con el poderoso sistema de comunicación del Estado Plurinacional, el gobierno cree que puede vender la idea de que la inflación es la que dice el INE. Pero la gente, que vive en la realidad y no en la ficción de los medios, sabe que la inflación es mayor.
Haber incorporado a los electrodomésticos en la “canasta familiar”, sabiendo que tienen precios rebajados por el milagro del lavado de dinero, podrá engañar a algunos comunicadores, pero no a la gente. Reducir la ponderación de los alimentos en el cálculo de la inflación no hace que esos precios bajen.
También hay errores de orientación. Creer que todos tus enemigos están en la media luna, o por lo menos en Santa Cruz, es un craso error. Parece que los tenías también en Achacachi, en Quillacollo, en Corocoro e incluso en Oruro.
Este error llevó al gobierno a entusiasmarse con los golpes que lanzaba en Santa Cruz contra los “oligarcas” y “separatistas” cruceños, mientras los fabriles de La Paz estaban incendiando el Ministerio de Trabajo, en la calle Yanacocha, a tres cuadras del Palacio Quemado.
No puedes acusar de separatistas a tus rivales cuando, en realidad, el único que habla de divisiones de Bolivia, incluso en 36 naciones, eres tú mismo.
Para resumir: en Bolivia la gente no es tonta. No cree en los políticos y parece que no se equivoca.
Los bolivianos no están preparados para aceptar que haya llegado el Mesías, o que estemos ante el fin de la historia.

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