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Periodismo y democracia

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Economía de palabras

Periodismo intimidado

Humberto Vacaflor Ganam

(Río de Janeiro) Carl Bernstein, el periodista que provocó en 1973, con sus artículos en The Washington Post, la renuncia del presidente Richard Nixon,  dijo aquí, en el Día Mundial de la Libertad de Expresión, que el sistema democrático de Estados Unidos se mantuvo fuerte en esa época “porque el periodismo se negó a ser intimidado”.
El compañero de Bob Woodward en aquel famoso episodio del periodismo enfrentado al poder político de su país participó en la “cidade maravillosa” de un foro organizado por las mayores organizaciones periodísticas de Brasil, donde fue la estrella de un grupo de expositores que informaron sobre los peligros que asechan a la libertad de expresión en nuestros países.
Para que la democracia se mantenga firme, dijo el valiente reportero, el periodismo no tiene que dejarse intimidar. Es uno de los roles más difíciles del periodismo, porque le exige tener actitudes heroicas. El periodismo es un puntal de la democracia: lo dice Bernstein.
La frase aludió, precisamente, a la situación que viven los periodistas en varios países de Latinoamérica, acerca de la cual otros expositores presentaron informes preocupantes. Jayme Sirotsky, presidente de la Red Brasil Sud, exhibió un mapa en que Bolivia figura como uno de los países donde la situación de la libertad de expresión es definida como “delicada” y “crítica”.
Hace una semana, el columnista José Gramunt de Moragas, maestro de buenos periodistas bolivianos, había dicho que en Bolivia la prensa está “domesticada”, aludiendo a la temerosa cobertura de la conferencia de Tiquipaya hecha por el periodismo nacional, comparada con el tratamiento que la prensa internacional dio al tema.
Es decir que el padre Gramunt nos reveló que, en su criterio, el periodismo boliviano está, para poner en las palabras de Bernstein, “intimidado”, lo que lleva a sospechar que también la democracia boliviana está debilitada.
Otro personaje que era esperado en este foro era Guillermo Zuloaga, el venezolano de Globovisión, canal clausurado por Hugo Chávez. No pudo llegar porque el gobierno venezolano le prohibió viajar. Carlos Zuloaga, el hijo, llegó hasta la reuniuón pero dijo que ni siquiera se atrevía a repetir las palabras que había pronunciado su padre, porque no quería correr la misma suerte.

El periodismo venezolano se dejó intimidar.

 

 

 

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