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La Pachamama sobornada

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Recuerdos del presente

Soborno a la Pachamama

Humberto Vacaflor Ganam

El vicepresidente Álvaro García Linera está hablando cada vez con más claridad. Hace pocos días, a propósito del castigo dado a Santos Ramírez, mencionó por primera vez la palabra “guillotina”. Quienes se entretienen comprobando cómo la historia juega con los hombres, en este caso en comparación con personajes de la revolución francesa, tendrían que registrar este dato.
Y luego, hablando sobre cómo el gobierno nacional respeta la Pachamama, el segundo hombre del país hizo una revelación. La he leído en un artículo-denuncia de mi amigo Pablo Cingolani y se refiere a la manera cómo el gobierno negoció con los pueblos originarios de la región amazónica del departamento de La Paz donde está operando la venezolana PDVSA en sociedad con YPFB.
Debo advertir al sufrido lector, antes de que siga leyendo, que este es un tema muy peligroso. Por experiencia propia sé que sólo sugerir que el actual gobierno no protege a la Pachamama provoca iras y desata odios sin límite.
Pues bien, ocurre que el vicepresidente le ha puesto palabras más expresivas a la protesta del presidente Evo Morales, cuando dijo que si los aborígenes se oponen a la entrada de las petroleras a la región amazónica “¿entonces, de qué vamos a vivir?”. Ante las protestas de los mosetenes, que se sienten engañados y traicionados en sus derechos a ejercer defensa de la naturaleza, dice el vice que “junto al derecho a la tierra de un pueblo está el derecho del Estado, del Estado conducido por el movimiento indígena-popular y campesino, de sobreponer el interés colectivo mayor de todos los pueblos. Y así vamos a proceder hacia delante".
El argumento, palabras más, palabras menos, es igualito al que usó Alán García para justificar la presencia de petroleras en la amazonía de su país. Son tan parecidos estos dos gobiernos que uno no tiende cómo es que sus líderes no se tragan.
A esa altura, el vice hace una categorización interesante. Habla de los “pueblos originarios minoritarios”, seguramente en relación con los pueblos originarios mayoritarios, medidos desde el punto de vista electoral, por supuesto.
Los pueblos de las tierras bajas, como los mosetenes, no conocen seguramente que en noviembre sus pares de las tierras altas recibieron una atribución especial: se podrán oponer a proyectos económicos para la explotación de recursos naturales no solamente mediante la “licencia ambiental”, sino también de la “licencia social”, creada sólo para ellos.
Aquí, el lector seguramente esté recordando a George Orwell que, en su “Animal farm” dice que los líderes de la rebelión en la granja comienzan proclamando que todos los animales son iguales, para aclarar luego que “algunos animales son más iguales que otros”.
La negociación con los mosetenes y los lecos para que acepten a las petroleras en sus territorios fue parecida a un soborno. Una especie de coima pagada a los voceros de la Pachamama. Se les ha dado millones de hectáreas, como territorialidad histórica, dice el vice. Y se supone que después de eso debían quedarse satisfechos, sin reclamar por sus ríos, sus cultivos, sus escuelas, sus hospitales.
Parece que todas estas dudas sobre la defensa de la Pachamama fueron conocidas en la reunión de Copenhague. Y alguien se quedó sin recibir el premio de defensor de la madre tierra. Mi solidaridad más sincera.

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