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La opereta de Chávez y Evo

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La opereta de la cocaína

Humberto Vacaflor

Pocos advirtieron el sentido de la escena que protagonizaron los presidentes Evo Morales y Hugo Chávez en Caracas, el viernes 25 de enero, durante la puesta en escena del relanzamiento del ALBA.
Chávez se dirigió a Morales: “¿Me trajiste la coca, Evo?”. La respuesta fue inmediata: Morales le alcanzó una bolsa con hojas de coca, hojas de coca que Chávez se llevó a la boca con prisa, exhibiéndolas.
Era importante que ambos dieran ese espectáculo. No era de vida o muerte, pero casi.
Una semana antes, Chávez había dicho en la Asamblea Nacional de su país, que él consume todos los días “pasta de coca” que le envía su amigo Evo.
Por lo tanto, ahora era muy importante que, con un gesto, con una escena en que actuaran los dos presidentes, se haga esta aclaración: ¡no era pasta de cocaína, eran hojas de coca!
Los asesores de Chávez –si los tolera- y los de Morales –si los tuviera- probablemente les dijeron que no podían dejar esta auto acusación, esta delación de un caso de tráfico de cocaína, al alcance de investigaciones futuras.
Los presidentes tuvieron la ventaja de que, extrañamente, los medios de comunicación no se interesaron en la delación. Muy pocos le dieron importancia en Venezuela y en Bolivia.
El diario “Il Corriere Della Sera” de Milán dijo que lo dicho por Chávez era el colmo. Practiquemos un poquito de italiano: “Dopo le indiscrezioni su una presunta relazione con la top model Naomi Campbell, il presidente venezuelano Hugo Chavez torna a stupire. E lo fa rivelando senza peli sulla lingua di essere un consumatore abituale della pasta di coca. Durante un discorso lungo quattro ore…”
El Miami Herald tambien recogió el tema y lo expresó en iguales palabras, aunque en español. Había admitido, sin pelos en la lengua, como dice el diario italiano, que consume droga todos los días. El mundo estaba anonadado. Se había dado el caso de que un presidente admitía ser consumidor habitual de pasta base de cocaína, que se la envía otro presidente sudamericano, el boliviano.
Es en ese momento que alguien sugiere la escena en la ceremonia del ALBA. Debía aclararse que no se trataba de droga, sino de simples e inocentes hojas de coca.
El presidente Chávez había metido la pata y el presidente Morales debía ayudarlo a salir ileso. Claro que, de paso, al ayudar a Chávez, Morales estaba mostrando al mundo que él sólo envía hojas de coca.

Esto de la coca y la cocaína se ha convertido en una fuente de hipocresías en que se da por descontado que todos somos estúpidos.
La economía del país está dominada por la coca y la cocaína. Los 222 millones de dólares que generó la venta legal de hoja el año pasado muestran sólo la punta del iceberg.
La economía de la droga ha penetrado en todos los departamentos del país. La semana pasada se informó del descubrimiento de cinco fábricas de droga en la carretera Santa Cruz-Camiri y unos días antes se había informado de dos jefes de ayllus del norte de Potosí que alquilaban la capilla del pueblo a los fabricantes de droga que usan maquinarias portátiles, a fin de llevarlas a otro lugar cuando está llegando la policía.
Dice el Wall Street Journal que en el último año el precio de la droga en Europa se duplicó. Ahora, un kilo de cocaína cuesta allí 33.000 euros, es decir 44.000 dólares. Y dice que los traficantes han optado por manejar billetes de 500 euros, que son raros, pero son fáciles de transportar. Hace dos semanas, en Puerto Pailas fue detenida una peonza que llevaba 100.000 euros en cortes de 500.
Quienes manejan todo este negocio, y los políticos que lo toleran, o lo administran, confían en que el resto del mundo, pero sobre todo los anticuados que todavía se dedican a actividades legales, no van a abrir la boca.
El INE acaba de informar de las exportaciones 4.700 millones de dólares del año pasado, y ofrece el detalle de los departamentos que las generaron. Tarija, Santa Cruz, Potosí, La Paz, Oruro, Cochabamba, Beni, Chuquisaca y Pando, en ese orden.
Son las exportaciones legales. Aquellas que ni siquiera incluyen las hojas de coca que se exportan a Argentina ni, por supuesto, las encomiendas que nuestro presidente le envía al de Venezuela.
Si se hiciera la lista de las exportaciones reales, las auténticas, las verdaderas, el orden, el ranking, sería diferente. La Paz y Cochabamba recuperarían sus puestos de liderazgo. No estarían en los humillantes cuarto y sexto puestos que les asignan las exportaciones legales e ingenuas.
Y nuestros economistas, igual que los organismos internacionales, hacen el juego a esta opereta. Todos jugamos a creer que la economía del país es la punta del iceberg que vemos y que figura en las estadísticas.
Hacemos el “pretending” de que Bolivia es lo que se ve en la superficie. Y no queremos admitir que la coca y la cocaína son los factores predominantes de nuestra economía y de nuestra política, quizá más que el gas natural.

Estoy de mal humor, como se puede advertir. Es que hace el ridículo se ha hecho cansador.

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