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Nuevo golpe a las autonomías

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Recuerdos del presente

Autonomías con trampa

Humberto Vacaflor Ganam

Los nueve departamentos acaban de pasar al régimen de autonomías casi intactos. A cada uno le falta un pedazo.
El departamento de Tarija, por ejemplo, pasó al régimen autonómico partido en dos. Los autonomistas tarijeños recibirán 55% del territorio para cumplir sus sueños. Es el departamento que ha sido más sacrificado por quienes manejan el país.
El gobernador de Potosí también recibió un departamento incompleto. En el momento en que juraba en el cargo, la región de Uncía era una entidad independiente, aislada no sólo de Potosí, sino del país. Los acuerdos con Bolivia los hacen los ayllus directamente con el poder nacional, sin tomar en cuenta a la gobernación potosina. Las leyes nacionales no tienen vigencia en esa zona. Allí, los asesinos pueden llegar a arreglos para que no se los castigue. Allí el Estado boliviano se rinde; entrega parte de sus potestades y de su soberanía. Y la justicia es ciega, sorda y muda.
La Bolivia autonómica nunca fue del agrado del presidente Morales. Que sus seguidores regionales voten en contra de ella o a favor, según él se los ordene, no cambia el hecho de que el presidente odia las autonomías.
Ya las había diluido un poco con las autonomías regionales e indígenas, a tal punto que pocos reconocen en la figura actual la idea original.
Las ideas para debilitar a las autonomías siguen surgiendo.  En las últimas horas, el gobierno ha quitado nuevas áreas a ocho de los nueve departamentos.
Al crear la Agencia para el Desarrollo de Macroregiones y Zonas Fronterizas, a cargo del inefable ex ministro Juan Manuel Quintana, el gobierno ha arrebatado amplias áreas a los departamentos que tienen zonas fronterizas. Los únicos que están libres de este despojo son los cochabambinos, que no tienen fronteras con países vecinos, para felicidad de todos.
De esta manera, como ha hecho Hugo Chávez con la región de Caracas para no reconocer la autoridad del alcalde opositor electo, el gobierno boliviano ha puesto una autoridad especial para algunas regiones de los departamentos con fronteras extranjeras. Los gobernadores de los ocho departamentos que están en esa situación saben que en amplias zonas de su territorio el que manda es otro: el delegado presidencial. El país ha sido bordeado por un área fronteriza que tiene la tuición directa del presidente.
Pero los cochabambinos no tienen porqué alegrarse mucho, pues en su territorio tienen que reconocer una autonomía regional inocultable, que es el Chapare. Esa zona no tiene un gobernador, ni siquiera tiene un líder: tiene un emperador.
En suma, que las autonomías llegaron con un presente griego. Como sabemos, eso quiere decir un regalo que lleva en las entrañas un ejército enemigo.
Además de haber perdido amplios territorios, los departamentos ahora autonómicos reciben otro presente griego: la crisis económica.
Un Tesoro General sobre endeudado, con ingresos por hidrocarburos inferiores en 45% a los del año anterior, con 120 municipalidades que tienen sus cuentas congeladas, universidades con menos de la mitad de sus recursos. Y muchas otras cosas más.
Un panorama triste para la Bolivia autonómica.

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