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Nuestro propio octubre negro

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Recuerdos del presente

Nuestro octubre negro

Humberto Vacaflor

El tsunami financiero que comenzó en septiembre y se agudizo en octubre en las economías del mundo todavía no se ha retirado. Queda la duda de la recesión que podría haber dejado en Estados Unidos, con efectos impredecibles en el resto del mundo.
Lo que sí tiene ya una forma precisa es el octubre negro de la economía boliviana. Casi no tuvo que ver con el tsunami mundial, pues fue el resultado de la gestión del gobierno del presidente Evo Morales exclusivamente, sin ayuda de nadie.
Nuestro tsunami autoinflingido fue total. No dejó sector de la economía en pie. Todas las estructuras fueron abatidas, sin excepción.
El embate fue despiadado en el sector de los hidrocarburos. Los cinco presidentes que tiene hasta ahora YPFB en lo que va de este gobierno y los cuatro ministros de Hidrocarburos han producido uno de los desastres mayores de que se tenga memoria en el sector.
La política de hidrocarburos produjo en octubre la primera propuesta para corregir el modelo. Ricardo Michel, vicepresidente de operaciones, propuso que se cambie la estrategia para atraer inversiones por la fórmula 50-50. No se sabe qué fue de su suerte. Ni el maestro rural Santos Ramírez ni el experto en el manejo de radiotaxis que hace ahora de ministro, Saúl Ávalos, han comentado el tema. El criterio de Michel, un profesional del sector, es que si las empresas no invierten quizá sea conveniente aumentarles el incentivo.
La estrategia de hidrocarburos ha producido la primera voz disonante mientras en la gestión hay un desastre total. No hay una sola gerente de YPFB que opere con eficiencia. En octubre se presentó escasez de todos los productos de la cadena. Faltó diesel, gasolina, GLP y gas natural. La señal más desastrosa llegó de Argentina, donde el gobierno decidió que si Bolivia tendrá gas sólo a partir de 2014, no es necesario construir ahora un gasoducto. El GNEA será terminado, sí, pero sólo para llevar a las otras provincias el gas del salteño Campo Durán, unos trece millones de metros cúbicos diarios. El 23 de octubre se dio el récord de la menor exportación diaria registrada hasta ahora: medio millón de metros cúbicos en lugar de los 7,7 millones acordados. Brasil, a su turno, sigue dando señales de su desconfianza. Una información oficial de Petrobrás hizo saber en octubre que algo falló en el plan por el cual debía anunciarse que se puede prescindir del gas boliviano en 2009, y que lamentablemente se demorará un año más.
La crisis de la minería estatal llegó en octubre, también por mala gestión. La caída de los precios en el London Metal Exchange fue extemporánea e innecesaria.
Con la prohibición de exportar aceites y oleaginosas desde marzo, el gobierno hizo que los exportadores no vendan en 400 dólares por tonelada y tengan ahora que resignarse con 200. El sector está herido.
Y las exportaciones de manufacturas a Estados Unidos han pasado a ser el arma con el cual el gobierno boliviano quiere derrotar al imperialismo. El castigo será lento pero despiadado. El imperio tendrá que rendirse si quiere recibir textiles bolivianos.
El presidente Morales dijo que la guerra va bien. Que el capitalismo está mal herido, mientras que la coca sigue fuerte. La idea es exportar la coca industrializada hasta Irán y Rusia.
Esperemos que el imperio se rinda pronto.

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