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No más mentiras

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Recuerdos del presente Tiempo de sinceramiento Humberto Vacaflor Ganan Decía Jonatan Swift, autor de Los viajes de Gulliver, que la “sociedad de los mentirosos”, en que deberían organizarse los políticos, necesita, para existir, de una audiencia de ingenuos. Para los bolivianos llegó, finalmente, el día en que se acaban las mentiras. A partir de esta jornada deberán cesar las promesas y habrá que hacer un sinceramiento con la realidad. Vamos a encontrar a un gobierno que necesita hacer muchas admisiones. Por ejemplo, que está ahora condenado a aceptar las condiciones de las petroleras. Y que aquí se está dando, con demasiada rapidez, aquella ley según la cual las oficinas de las petroleras están alfombradas con pieles de tigres, de todos los tigres que alguna vez se atrevieron a desafiarlas. En esa alfombra habrá que incluir ahora la piel de un puma orureño. En el sinceramiento habrá que admitir que se acabó la renta petrolera. Alguien tendrá que ajustarse los cinturones. Habrá que pedir disculpas a todos los que se hicieron ilusiones con muchos bonos creados a la rápida, o con incrementos a los ya existentes. Los orureños tendrán que hacerse a la idea de que aquello de la doble vía a La Paz, o el tren bala, además del tren subterráneo que les ofrecieron, era todo de mentiritas. Todas las dobles vías ofrecidas en la campaña, debería decir el mensaje nuevo, hay que tomarlas en lo que valen, apenas la mitad, una simple vía, y eso con suerte. Hemos vivido el tiempo de los ofrecimientos. Ahora hay que volver a pisar la realidad. Nuestro gas natural no lo quiere nadie. Los brasileños están esperando que el contrato con Cuiabá, por 2,1 millones m3/d, sea concretado con una rebaja substancial del precio. Ese nuevo precio será transferido luego al contrato GSA, por 30 millones m3/d. Habremos de admitir que, como dicta el mercado mundial, el precio del gas natural, que antes tenía con el crudo una relación de 1 a 9, ahora ha bajado a 1 a 19. Y las empresas petroleras siguen esperando que el gobierno concrete la rebaja de los impuestos, y que lo haga, ya sea de frente o de soslayo, o debajo de la mesa, pero que lo haga. Para anunciar la rebaja de los impuestos petroleros no hará falta que el presidente se ponga un casco de petrolero, como hizo en San Alberto en mayo de 2006. Ni siquiera hará falta que cante el himno con su conocida pose de pasajero de micro. A las petroleras no les interesan las poses: se van a los hechos. En el tiempo del sinceramiento, habrá que revisar lo que está pasando en Huanuni, donde el “socialismo del siglo XXI” se muestra como un caos dominado por los “locos”, el nombre de los ladrones de mineral. Y habrá que esperar que los originarios de Bombo no pidan autonomía indígena, porque el yacimiento pasaría, entero, a ser de propiedad de ellos. En el sinceramiento habrá que esperar que el gobierno admita que los gerentes interinos que ha puesto en las empresas estatizadas no son aptos para otra cosa que no sea producir escándalos. El de YPFB, con una tasa de ejecución del presupuesto de 2009 de solamente 1,7%, es el que se lleva la flor. En fin, voy a seguir con la lista de los sinceramientos que faltan. Por ahora, en esta primera columna para los matutinos que la acogen, quiero expresar mi agradecimiento. Estos espacios son el refugio que he encontrado para ejercer la libertad de expresión. Otros bolivianos no tienen mi suerte, la de encontrar refugios para estos días tan difíciles. Les doy toda mi solidaridad.
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