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Ni guerra civil ni militares. ¿Qué hacer?

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Al borde del abismo

El canciller brasileño, Celso Amorim, dijo este fin de semana que si estallara una guerra civil en Bolivia, los brasileños serían los que más lo lamentarían. El periodista venezolano Nelson Bucaranda Sardi, de El Universal, sospecha que no, que en realidad los brasileños son los que más alentaron la guerra boliviana y quizá sean los que más se beneficien de ella.

Ninguno de los dos acierta. No habrá guerra civil en Bolivia después de este domingo 4 de mayo cuando se produzca el referéndum de Santa Cruz ni Brasil es el país que alentó esta crisis boliviana que parece la peor de todos los tiempos sólo para quienes no conocen la historia de este país.

La guerra que sí ha comenzado es la guerra de nervios que sufren los países vecinos y algunos más alejados, como los europeos, que miran esta crisis boliviana como lo que parece y no como lo que es. Unos diputados del parlamento europeo estaban tan nerviosos la semana pasada que llegaron a proponer un plan para legalizar el uso de la coca (ver página 2). Y los venezolanos estaban previendo la evacuación de sus ciudadanos que viven en Bolivia.

Los actores del espectáculo boliviano, entretanto, miran al público desde lo alto del palo mayor del circo, se frotan las manos con un poco de pez y sonríen.

Lo que ocurrirá este domingo es que los líderes de Santa Cruz podrán exhibir ante el gobierno de Evo Morales todo el respaldo que tienen en su región. Y entonces se sentarán en la mesa de las negociaciones para definir el futuro de Bolivia en nombre de la mitad del país. Y el gobierno estará sentado con sus viejas y devaluadas fichas del respaldo popular que recibió hace ya una eternidad para los parámetros bolivianos: hace dos años y medio.

Algunos actores del drama boliviano no ayudan mucho a calmar los nervios de quienes asisten al espectáculo. El prefecto de Santa Cruz, Rubén Costas, dijo la semana pasada que lo único que ocurrirá este domingo es que nacerá la nueva república. Su intención era calmar los nervios, pues aludía al hecho de que con los votos de los cruceños estará naciendo una nueva Bolivia, la Bolivia de las autonomías. Pero incluso algunos bolivianos entendieron que estaba anticipando una división del país y el establecimiento de una nueva república en Sudamérica.

El gobierno tampoco ayudó esta semana a calmar los nervios, pues cometió la torpeza de congelar las cuentas bancarias de la prefectura de Santa Cruz, pero más tardó en congelarlas que en descongelarlas. El ministro de Hacienda, Luís Arce, autor de la torpeza, estuvo a punto de perder el cargo.

Los nervios de los extranjeros crecen con los gestos que hacen los actores bolivianos. El gobierno promueve que algunas regiones de Santa Cruz y del resto de Bolivia se pronuncien contra el referéndum y que digan que lo impedirán por la fuerza. Esos anuncios son luego desmentidos por el gobierno o por quienes los hicieron. Porque esto es una verdadera guerra… de nervios.

            

El rol de los militares

La diferencia del espectáculo de equilibrismo político actual con el que se daba antes en Bolivia es que hasta hace 26 años todo concluía cuando los militares tomaban el control del país, y ahora ya no pueden hacerlo.

Antes, todos los actores sabían que el golpe militar iba a llegar en algún momento para congelar la situación, enviar a algunos líderes al confinamiento o al exilio, y prohibir la política por algún tiempo. Se podría decir que muchos esperaban que llegara ese momento para darse un descanso del agitado espectáculo. Algunos actores planificaban antes de que se produzca el golpe lo que harían cuando hayan salido de la cárcel, vuelto del confinamiento o del exilio. Los golpes militares eran la ocasión para el reposo del guerrero. Un borrón y cuenta nueva.

Pronto el espectáculo volvería a armarse y la crisis sería llevada otra vez hasta el borde del abismo. Y así sucesivamente.

Pero ahora nadie piensa en la intervención de los militares. No está prevista una bajada del telón en este drama. No hay un intervalo programado en este espectáculo. Y eso aumenta el dramatismo.

De todos modos, los militares están nerviosos. Al fin y al cabo son los responsables de la integridad nacional. Y se supone, según la lectura de los más nerviosos espectadores, que esto podría desembocar en una división del país.

La semana pasada fue el comandante de la Fuerza Naval, José Luís Cabas, quien mostró su nerviosismo después de que el comandante de las FFAA hiciera lo mismo una semana antes. Exhortó a los políticos, del gobierno y de las regiones, a cuidar la unidad nacional y la paz.

El fin de la guerra fría ha convertido a los militares bolivianos en unos leones herbívoros. Antes, un "pronunciamiento militar" era el anuncio de un golpe de Estado; ahora es un pedido civilizado para que los políticos mantengan la calma. Cosas veredes, Sancho.

· La semana pasada, el gobierno del presidente Morales mostró que tiene un respaldo internacional abrumador. Su manejo de la situación, ante los extranjeros, es magistral.

Se muestra como el "indio" al que los "oligarcas" no permiten gobernar. Y en el exterior todos se lo creen. Los países del ALBA, que son los gobernados por los amigos de Hugo Chávez, produjeron un pronunciamiento de apoyo a Morales. Intelectuales de todo el mundo se pronuncian a favor del "indio".

Otra cosa ven los bolivianos. Este fin de semana, los analistas Renzo Abruzzese y Carlos Alarcón dijeron en radio Panamericana que el gobierno de Morales es el más racista de la historia de Bolivia. Y que nunca antes se había usado de manera tan inescrupulosa el detalle racial, como ahora.

Una encuesta hecha por Grupos Mori mostró que la popularidad de Morales está en 46% en el promedio nacional, aunque en La Paz está en 62%.

El analista Alarcón dijo que no se puede gobernar desde tres departamentos del país, como lo está haciendo Morales, que sólo tiene apoyo y reconocimiento mayoritario en La Paz, Oruro y Potosí. En los otros seis departamentos está en minoría.

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Comentarios Ni guerra civil ni militares. ¿Qué hacer?

la verdad es que no sabe lo que va a pasar en bolivia, donde se produce elchoque de dos civilizaaciones, de dos cuturas totalmente opuestas,  la del occidente, centralista,  estractiva, que vive del Estado, resentida, retrograda,  que vve mirando el pasado, y la del oriente, liderazada por santa curz,  dicharachera,  de mentalidad innovadora,  con tendencia al cambio, al modernismo, que quiere subir al tren del progreso, de la la autonomia, para que poder manejar sus propios recuross y su propio destino, dejando de depender de ese centrlismo paceño retrogrado y decadente que se aferra a seguir manejando al pais,
serafin serafin 02/10/2008 a las 22:33

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