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Nacionalización de las minas, segunda parte

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Economía de palabras

 Segunda nacionalización

 Humberto Vacaflor Ganam

 

En 1952, el MNR anunció que iba a nacionalizar las minas de los barones del estaño. Y se podría decir que lo hizo, el 31 de octubre de ese año.

De lo que hizo con ellas, mejor ni hablar. Las hizo pedazos.

Lo que está haciendo el gobierno del MAS, 64 años depués, es nacionalizar las minas que estaban en poder de las cooperativas.

El anuncio de esta medida es confuso, como todo lo de este gobierno. No es una guerra, sino todo lo contrario. Es un… golpe de estado derrotado. 

El estilo ladino, solapado, taimado, o lo que se quiera, no permite que se hable de las cosas con su nombre. Una lectura que supera la imaginación de George Orwell.

La verdad es que unos empresarios chinos, llegados de prisa, que quieren incursionar en la minería, están esperando en Potosí que se acabe esta mascarada, para comenzar a operar.

Eso ocurrirá cuando las cooperativas pierdan las concesiones que tienen, es decir los parajes que explotan, porque las otras concesiones las perdieron antes.

Cuando eso ocurra, los chinos, asociados con los masistas, se harán cargo de la explotación de la riqueza minera del altiplano.

Se habrá dado en ese momento la segunda nacionalización de la minería en el país, de la cual se hablará poco, porque no serán tres barones del estaño, sino 120.000 coperativistas los desplazados.

Quienes ganen, no serán todos los bolivianos, como se dijo en 1952, sino el Estado plurinacional y multilingüe de ahora.

No será Comibol, la empresa que nació entonces, la que salga ganando, sino las sociedades de los chinos con los masistas, una especie de “sinomasistas”, quienes se beneficien.

De esa manera, el país habrá entrado en una nueva etapa histórica. Las riquezas mineras habrán retornado a la propiedad del Estado, al que siempre debieron haber pertenecido.

Y todos estaremos felices. Los masistas, asociados con los chinos, habrán conformado nuevas sociedades para explotar los recursos naturales del país.

Los 120.000 barones habrán quedado marginados. Deberán dedicarse a otra cosa. Salvo que, con la imaginación que tiene, busquen recuperar lo perdido.

Este es otro caso en que la historia se da como tragegia, luego como drama y termina siendo una comedia.

El ejercicio se está haciendo tedioso, ¿verdad?

Vacaflor.obolog.com

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