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El monumento regalado

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Economía de palabras

Monumentos regalados

Humberto Vacaflor Ganam

Cuando Francia decidió hacer un homenaje a Estados Unidos con un presente especial, la Estatua de la Libertad, en 1875, convocó a sus mejores hombres, entre ellos a Gustave Eiffel, que debía trabajar bajo la conducción del arquitecto Frederic Auguste Bartholdi.
El resultado fue una obra que es el símbolo más apreciado por los norteamericanos, que los representa. No fue concebida para ofender a nadie; fue hecha con la idea de representar un valor universal.
Según recuerda mi amigo ?Bergman William Paz Ardaya?, la estatua-monumento del prócer y héroe, coronel Ignacio Warnes la trajo a Santa Cruz, desde Buenos Aires, en 1924, una comisión de militares argentinos al mando del general Martínez y la esculpió un artista argentino que quiso simbolizar la antigua alianza entre los dos países.
Pero en el caso de la estatua a Juana Azurduy de Padilla, que el gobierno de Evo Morales donó a la Argentina, el procedimiento fue distinto: se contrató a un escultor argentino, de nombre Andrés Zemeri, para que haga el trabajo por la suma de un millón de dólares. El pago fue por adelantado.
Un artista boliviano hubiera desarrollado la idea del nombre de Argentina, relacionado con la plata de Potosí, del Río de La Plata y de la hermandad entre los dos pueblos. Pero el propósito era menos noble.
Por la polémica que se desató en Buenos Aires sobre esta obra, la intención de los gobiernos de Morales y Cristina Fernández, no era tanto hacer un homenaje a Juana Azurduy como ofender a Cristóbal Colón, cuyo monumento fue removido de la Plaza Colón para dar lugar a la heroína boliviana.
Un lector de Clarín comentó que no era necesario ofender a nadie y que quizá las dos estatuas podían estar en la plaza, una mirando al mar, la del Comandante de la Mar Océano, y otra mirando a la Casa Rosada, la de la señora Azurduy. ¡No se puede odiar a Cristóbal Colón!
Quince toneladas pesa el monumento revestido de cobre pero del cual no se sabe nada en Bolivia. Ningún arquitecto, ningún historiador, ningún escultor boliviano participó en el diseño de la obra. Fue un obsequio hecho al gusto de quien lo iba a recibir, porque el escultor es muy cercano a la familia Kirchner.
Lo que se sabe es que el señor Zemeri tiene en su haber una estatua al Che Guevara hecha con botellas de cerveza.
La próxima vez que Bolivia haga un obsequio de este tipo, sería bien pensarlo mejor.
Vacaflor.obolog.com

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