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Un mono con gillette

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Recuerdos del presente

Un mono con gillette

Humberto Vacaflor

La política exterior del país ha caído, definitivamente, en manos muy torpes. En el curso de la última semana las relaciones de Bolivia con Estados Unidos quedaron congeladas, los lazos con Brasil se deterioraron y quedaron ofendidos los gobiernos de Argentina y Colombia al ver que eran rechazados sus mediadores que estaban listos para venir a Bolivia. A cambio, las relaciones de Bolivia con Irán llegaron a su mejor momento. Ah, y también con Libia, que incluso rima con Bolivia, como dice un senador del gobierno.
La expulsión del embajador Philip Goldberg –se supo después- tuvo que ver más con las inminentes revelaciones de nexos del gobierno de Hugo Chávez con la narcoguerrilla colombiana que con la política interna boliviana. El embajador de Estados Unidos en Venezuela también fue expulsado por ese motivo, para que Chávez se curara en salud: tres funcionarios del gobierno venezolano, dos de ellos militares, están involucrados con el brazo narcotraficante de las FARC colombianas. El gobierno de Venezuela le hizo un préstamo a las FARC por 250 millones de dólares, lo denunciaron quienes investigan el caso del famoso maletín de los 800.000 dólares. Y hay otros nombres en espera; algunos muy obvios.
En el balance de las cosas hechas por estas manos torpes, es difícil saber qué perjudica más a Bolivia: si la expulsión de Goldberg o la ofensa a Itamaraty. Al fin y al cabo Brasil está aquí, al lado, es el principal socio comercial de Bolivia. Las posibilidades de Bolivia de exportar productos a Brasil podrían ser mayores a las del ahora dudoso ATPDEA.
Según Josías, un famoso columnista de Folha de Sao Paulo, el presidente Lula da Silva quedó “irritado” con la respuesta negativa de Evo Morales a su ofrecimiento de enviarle a dos de sus mejores hombres para que ayuden al diálogo en Bolivia. Josías dice que Lula ahora duda de que Morales quiera realmente la paz en Bolivia, o que todo sea sólo para la platea, sólo “retórica”.
Itamaraty es la cancillería mejor montada de Sudamérica. Es probable que para Brasil, con muchas razones para asumir el rol de líder de la región, no sea incómodo saber que uno de sus vecinos ha traído al vecindario al país acusado de practicar terrorismo internacional, como es Irán. La propia Argentina tiene motivos para desconfiar de un vecino que se abraza con el país que hace pocos años fue responsable de uno de los atentados terroristas más sangrientos que ha conocido Sudamérica.
Con estas últimas decisiones de política exterior, Bolivia ha quedado amarrada a su relación con Venezuela, país que, si no tuviera petróleo, “sería una república bananera más”, como dicen en México. Alguna vez, estando en México, escuché la reproducción de esa crítica mexicana a la pedantería de los venezolanos. El embajador venezolano respondió con la intención de rechazar la ofensa pero en realidad la hizo más grande, pues dijo: “Es falso, porque en Venezuela no tenemos bananas”.
En fin, ellos son nuestros socios preferidos y exclusivos. Por lo menos ahora sabemos que podríamos venderles bananas. El canciller David Choquehuanca, ejecutor de esta política exterior tan sui generis, debería buscar la forma de equilibrarla pensando, y esa es una idea buena, en el bien del país.

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