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Los misterios del PIB boliviano

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Los misterios del PIB

Humberto Vacaflor Ganam

Para Revista Negocios

Dice Noah Harari en su libro Homo Deus que el “homo sapiens” se impuso en el planeta incluso sobre sus hermanos “erectus” o “neardenthal” porque es capaz de crear ficciones, de manejarse con ficciones, de movilizarse con ficciones, como la existencia de dioses o de patrias.

El tema del PIB en Bolivia es manejado por el gobierno como una ficción en la cual el resto de los bolivianos sólo tenemos la  opción de creer, con cifras incluso inverosímiles.

En este momento, con solamente las cifras del comportamiento de la economía de los dos primeros meses del año, el gobierno nos dice que cuando haya llegado el lejano mes de diciembre tendremos un crecimiento del PIB de 4,7%.

Es que así lo decidió, en um impromptus vigoroso, el presidente Evo Morales en enero, cuando dijo que él quiere que este año se pague el segundo aguinaldo. A partir de ese momento, todos los ministros que quieren conservar el cargo y los dirigentes que no quieren caer en desgracia ante el jefazo se pusieron a repetir aquella ficción: el PIB crecerá en 4,7% en esta gestión. Y punto.

Si el FMI o el Banco Mundial dicen otra cosa, como lo dijeron a principios de abril, cuando pronosricaron que la economía de Bolivia puede crecer entre 3,7% y 4,0% este año, no tiene ninguna importancia. El ministro de Economía respondió, de inmediato, que siempre el FMI pronostica tasas de crecimiento inferiores a las que alcanza Bolivia cada año. Y que este año se llegará a 4,7% de todos modos, la más alta de Sudamérica, con lo cual, dijo, él espera tener la “medalla de oro”.

Para sostener esta ficción, el gobierno necesita negar algunos datos de la realidad. Por ejemplo sostiene que una de las locomotoras del crecimiento de este año será el sector de la construcción que, al aportar su crecimiento de 8%, hará que el promedio que resulte de sumarlo a los otros sectores, sea superior a 4%.

Es un acto de fe, insondable. E inverosímil. Ocurre, en la realidad, que la construcción está con problemas. A principios de abril, las ladrilleras de Cochabamba dijeron que estaban a punto de cerrar operaciones porque no hay demanda para su producción, igual que algunas de Tarija, el comité cívico de Chuquisaca pidió al gobierno que haga algo para evitar que cierre la fábrica de cemento Fancesa por falta de demanda de su producto, 550 camiones que llevaron ese cemento a Santa Cruz estaban esperando que alguien compre el producto, según dijeron los dirigentes del transporte pesado de Sucre, las casas y departamentos de “alta gama” de Santa Cruz no se venden y sus propietarios han debido reducir a la mitad sus expectativas de utilidades, las empresas que venden ripio en Santa Cruz están amgustiadas por falta de demanda, ha caído la demanda de departamentos en La Paz, los jornales de los albañiles en Tarija han caído de Bs 130 a Bs 70 por falta de trabajo…

Nada de eso tiene importancia para quienes tienen a su cargo dibujar las cifras del crecimiento de este año para que la ficción se mantenga intacta y la orden de que el crecimiento sea de 4,7% se cumpla. Se trata, como todos sospechamos, de que el segundo aguinaldo de diciembre próximo ha sido programado para que sea el lanzamiento de la campaña electoral, que arrancará en enero de 2018, aunque falten dos años para los comicios. El aspirante a candidato así lo  quiere.

Hay otros misterios en esto del PIB, en que también participa la ficción.

El PIB pasó de 9.000 a 36.000 millones de dólares entre 2008 y 2009 como consecuencia del incremento histórico del precio de las materias primas.

Entonces cabe la pregunta: si creció al subir los precios, ¿por qué no baja cuando los precios se han derrumbado?

El petróleo había pasado de 30 a 140 dólares el barril, el estaño había subido hasta los 14 dólares la libra fina, entre otros datos, provocando que las cifras del total del PIB boliviano tengan aquel crecimiento espectacular.

Luego, esos precios cayeron. El año pasado el petróleo se cotizó en 30 dólares y el estaño cayó por debajo de 8. ¿Qué pasó con el PIB? Nada. Se mantuvo, incólume, inamovible, impertérrito, en 36.000 millones. La fe, se dice, derriba montañas. En este caso derriba las propias estadísticas.

Esto tiene un propósito. Debe servir para cubrir otra ficción. El gobierno sostiene que la deuda puública, que está, según Julio Alvarado, en 23.000 millones de dólares, sigue siendo inferior al PIB. (Alvarado dice que la deuda externa está en 16.400 millones y la interna en 6.500 millones.) Admitir que el PIB ha disminuido sería admitir que la deuda lo ha superado.

El país no tiene recursos para financiar el presupuesto de inversiones. Tiene que buscar dinero prestado, incluso con bonos. La deuda esterna está a punto de alcanzar los 15.000 millones de dólares cuando se concrete el crédito chino de 7.000, pero el PIB está quieto.

El año pasado, el gobierno dejó de ejecutar 20% del presupuesto. Este vacío no cuenta en el laboratorio donde se cocinan las cifras.

El déficit fiscal se mantiene creciendo en los últimos tres años, hasta llegar a 7% del PIB. Esto, según el economista José Luis Pórcel, es una recesión, que daría paso a una depresión económica.  Pero no pasa nada. La ficción está firme.

Se supone que el PIB es la suma del valor monetario de los bienes y servicios que produce un país. Una definición que está en entredicho en Bolivia. Ocurre que YPFB produce y vende cada vez menos gas, que Comibol está en quiebra, que el país importa cada vez más alimentos de los países vecinos, que las fábricas cierran ante la competencia del contrabando, pero eso no es tomado en cuenta por quienes tienen la obligación de sostener la ficción.

En suma, como dice un viejo chiste: si le preguntas a un estadistico cuánto es dos más dos, él te consulta ¿cuánto quiere que sea, jefecito?

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