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Mike Pompeo o el Espíritu Santo

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Recuerdos del presente

Aplausos para Pompeo

Humberto Vacaflor Ganam

 

Allá, muy lejos, al norte de la China, había un líder político que gritaba, que gesticulaba, que amenazaba con destruirlo todo. Era como un perro que ladraba por orden de otros y era mirado con simpatía por Vladimir Putín y por Xi Pimging. Un perrito bullicioso.

De pronto, esos ladridos cesaron. Nadie va a destruirlo todo. El caudillo se rindió. Sobre todo anuncia que callará, lo que es recibido con agradecimientos. Y dice ahora que desmantelará las unidades nucleares que le permitirían hacer sus amenazas.

Lo que piensen Putin y Pimging sobre esta defección no se sabe todavía pero es obvio que han perdido un arma, un argumento para decir que ellos no, sino un loquito del barrio, es quien puede crear problemas, pero que no hay que tocarlo porque hacerlo sería provocar una guerra nuclear.

Un problema que duró entre 1950 y 1953, y que se conoció como la guerra de Corea, había terminado sin ningún anuncio especial. Ahora se busca al verdadero autor de estos sacudones históricos.

Mike Pompeo, secretario de Estado de Estados Unidos, no ha dicho una sola palabra desde que fue nombrado en el cargo el 13 de marzo pasado. Pero desde entonces se han ido dando algunas noticias que, si no se las atribuyesen a él, habría que atribuirlas al Espíritu Santo.

El silencio de Pompeo es agobiante. Pocos lo han señalado. El presidente Evo Morales ha dicho, eso sí, que Pompeo es un peligro para los gobiernos populistas que quedan en la región. Es perspicaz el cocalero.

Pocos miran a Pompeo. La Academia Sueca del Nóbel ha mirado el tema de Corea con interés y analiza la posibilidad de conceder el premio Nóbel de la Paz a Donald Trump. Quizá, si lo meditara mejor, el premio sería para Trump-Pompeo.

Este personaje pasó por West Point, donde obtuvo las mejores calificaciones, y luego estudió derecho en Harvard, con iguales resultados. ¿Qué más se puede pedir para el cargo de Secretario de Estado?

El criterio de Morales, de poner a una especie de monje budista en la cancillería es, digamos, equivocado. Quizá él tenga a su propio Pompeo en chiste en otras funciones, probablemente en La Habana.

Lo que ocurre con Lula da Silva y lo que es muy probable que ocurra con Nicolás Maduro, además del fraude del proceso de paz de las FARC, no son del Espíritu Santo. Por favor.

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