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El MAS, igual que Banzer

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No tengo odios, pero no pierdo la memoria

Carlos Toranzo Roca

Pasan 47 años del golpe de Estado del 21 de agosto de 1971, tengo la memoria muy fresca para recordarlo, no se me puede borrar esa fecha, y seguramente no se me borrará nunca, pues en ella, los golpistas, el nuevo régimen de Banzer asesinó a mi hermano Julio Toranzo Roca. Con él compartimos toda la vida, la infancia, la niñez, la juventud, el Colegio Hugo Dávila, la universidad, el sueño de salir de la pobreza, de dar descanso a nuestra madre que sola tuvo el coraje de criarnos y mantenernos. 

También de jóvenes compartimos los sueños de revolución, estábamos marcados por el pasado, mi padre fue fundador de la FSTMB en los años 40, mi madre, dirigenta sindical de la Said, niña obrera, y después empleada de los trabajadores de salud; nosotros hijos de ellos, marcados por la pobreza, por la falta de inclusión social. Esa herencia nos hizo poner los ojos abiertos a los temas sociales, nuestra vida austera y de pobreza también nos señaló que había demasiadas injusticias por corregir; deseábamos tener una vida mejor, un poco de salud y de educación y una vivienda decente.

Las lecturas del Colegio, gracias al “lobo” Ricardo Rada, hombre del grupo Ukamau; Huasipungo de Jorge Icaza, el Mundo es Ancho y Ajeno de Ciro Alegría, la Mamita Yunai de Carlos Luis Fallas, Raza de Bronce de Alcides Arguedas, toda esa literatura nos marcó y nos llevó a los mundos sociales, aunque no a las militancias partidarias, muy de moda en los 60 o 70 del siglo pasado. Fuimos raros en esa época, pues, no militamos en ningún partido. Tampoco lo hacemos ahora.

La idea de revolución era para nosotros, equidad, igualdad social, transparencia, eliminación de las discriminaciones, mejoras económicas, mejora en salud y educación; pero, super ideologizados, pensábamos en el alejamiento del imperialismo, (en esos tiempos no había China), lo queríamos destruir; por ahí transitaban nuestros sueños y utopías. Pero, su asesinato –el de Julio, mi hermano-, me hizo entender que nadie puede, nadie debe soñar su utopía, si ella significa quitar la vida a otros y mutilar la libertad de éstos; no debe pensar en llevar al exilio a los “enemigos”·

Sólo pasado el tiempo me di cuenta que su muerte, me fue cambiando la cabeza, me fue inculcando otras ideas; al inicio, la primera reacción fue dolor muy fue intenso, irresistible, después dolor, dolor y dolor; y pasado un corto tiempo, rabia, desesperación, impotencia, aumento de la adrenalina para volver a la idea de revolución, más por dolor que por horizonte político. 

Hasta ese agosto de 1971 me adhería, sin pensar mucho, a la lógica amigo-enemigo, soñaba en revoluciones, pero desde su muerte entendí que no es justo que nadie quite la vida al otro por sus ideas y comprendí que en lugar de eliminar al otro, hay que aprender a convivir con él; esos fueron mis primeros pasos hacia la comprensión de la democracia, poco a poco intuí lo que erala democracia como posibilidad de que todos existan sin eliminar al otro. Desde ese agosto dejé de pensar en la utopía de las revoluciones, -antes eran de izquierda, ahora son de “izquierdas derechistas”, pues entendí que ellas, sean de cualquier signo, de derecha o de izquierda, de Maduro o Morales, son autoritarias y tienen como meta eliminar al otro, al diferente, ¿cuántos muertos hay en su nombre? Después de un año de prisión (1.971-1972) me ratifiqué en la idea de alejar de mi pensamiento la lógica amigo-enemigo. El no ver nacer a mi hija Gabriela, pues estaba en prisión, me enseñó que no debo creer en las revoluciones, sino que debo inclinarme hacia las democracias.

Creo en el cambio como proceso, en las mejoras de vida para la gente, creo en los marcos de la libertad de pensamiento y de expresión, al interior del respeto más grande por los derechos humanos y las libertades fundamentales de las personas. Creo en la inclusión social, como no voy a creer en ella si soy hijo de obrero minero y de trabajadora fabril, pero no creo que se deba tomar a la inclusión como el pretexto para eliminar la libertad de expresión y de pensamiento como han hecho muchas revoluciones y lo hacen aún los procesos que se dicen revolucionarios. No creo en los que a nombre de los pobres hacen gobiernos autoritarios y dictatoriales. 

Tengo miedo a las revoluciones, pues en general son dogmáticas y tienden a eliminar al otro y evitan que haya disidencia y pensamientos diferentes, pues ellas no desean la libertad de pensamiento, ni la libertad de prensa; creen solo en el monopolio de sus medios de comunicación, a pesar de la corrupción con la cual se manejan. Repaso la historia y no encuentro revoluciones donde se haya respetado los derechos humanos y las libertades democráticas, casi todas las revoluciones, sino la totalidad de ellas, se han encargado y se encargan de mutilar la libertad de expresión, eliminando el derecho a la disidencia, impidiendo que cada quien porte sus propias ideas. Cada revolución tiene su signo stalinista de negación de las libertades. Antes el poder mataba a los opositores, ahora, los manda el exilio, los somete a la Renta Interna, les quita empleo a los hijos de las personas que no comulgan con el poder.

No olvido el 21 de agosto de 1971, no pierdo la memoria, pero vivo sin odio, pues creo que éste no permite pensar, amar, ni tener una convivencia democrática. No tengo odio ni siquiera por quienes me quitaron a mi hermano, pero mantengo la memoria y no la perderé; no odio a nadie, por eso duerno tranquilo, pero a veces tengo pesadillas, muy cercanas a la realidad, porque sé que el modelo de Venezuela está muy cerca del odio de los gobernantes en Bolivia, y porque sé que sus asesores cubanos, de ésos que cantan la nueva trova, pero que en la realidad impulsan dictaduras, porque sé que ellos están urdiendo una dictadura para Bolivia.

Pero, hacia el futuro seguiré insistiendo a mis hijos, a mis nietos que esa lógica amigo- enemigo, que conduce a eliminar al enemigo no es un valor democrático, al contrario, es la expresión más clara de la mutilación, sino de la eliminación de la democracia; mis hijos ya lo pueden entender, pues son víctimas de ello. Y si algo deseamos para el futuro, es vivir en democracia, sin que nadie penalice las ideas de los otros, sin que se mutile la libertad de expresión y de pensamiento.

Tengo miedo, intuyo que viene una dictadura, no tengo la fuerza de decir a mis hijos que se vayan al exterior, prefiero volver la prisión que me encerró antes, con Banzer, y que hora, con un gobierno que se dice de izquierda me podría encerrar, tengo temor de ésos que, manejando el poder, son más autoritarios y llenos de prebendas que en el pasado neoliberal. 

Julio, hermano, a ti que te asesinaron, durante Banzer, los autoritarios dictatoriales de derecha; no sabes que ahora puede haber dictaduras de izquierda que hacen todo lo que antes hacían las derechas. El lunes 21 de agosto iré a tu tumba y te contaré más cosas de ésas que dan dolor y rabia. Julio, tuviste la suerte de no ver todas estas distorsiones de las izquierdas.

Tu hermano, Carlos

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