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Libertad de prensa y la "pos-verdad"

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Antonio Caño: “La libertad de prensa está en peligro”
El director de EL PAÍS reflexiona sobre el derecho a la información y el peligro de la posverdad
JUAN JOSÉ MATEOTwitter
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Madrid 7 ABR 2017 - 13:27 CEST
"La libertad de prensa está en peligro y con ella está en peligro toda la arquitectura de libertades y derechos que conforman una democracia". Antonio Caño, director de EL PAÍS, ha reflexionado este viernes sobre los riesgos de la posverdad, la decisiva función de vigilancia de los periódicos y los ataques que sufren los medios por parte de políticos populistas y autoritarios que intenta erosionar su credibilidad para promocionar su ideología sin enfrentarse a su fiscalización. "La mentira es mentira, aunque se llame posverdad. Y la posverdad es el prefascismo", ha dicho el periodista durante una conferencia dictada en la Universidad Autónoma de Madrid.

Antonio Rovira y Antonio Caño, este viernes en la UAM. BERNARDO PÉREZ
Donald Trump. Vladimir Putin. Hugo Chávez. Los países más influyentes del mundo, ha dicho Caño, asisten al surgimiento de opciones políticas que privilegian las emociones sobre los hechos y que intentan influir en los votantes a golpe de tuit. Esa estrategia aleja a los ciudadanos de los medios tradicionales y les acerca a los de propaganda política, abriendo la puerta al prefascismo a través de la posverdad, como ha argumentado el historiador Timothy Snyder, especialista en el Holocausto.

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"En España algunos también tratan de que las emociones dominen sobre los hechos", ha dicho el director de EL PAÍS durante la jornada La verdad y la libertad de información, organizada por el Máster en Gobernanza y Derechos Humanos en la Facultad de derecho de la Universidad Autónoma de Madrid. "Con constantes apelaciones al estado de ánimo de lo que llaman 'la gente' se pretende que lo que se cree sea más importante que lo que se conoce", ha seguido. "Este desprecio al conocimiento va unido al desprecio a la verdad y al enaltecimiento del espectáculo en el que con frecuencia participan muchos periodistas", ha añadido. "El sometimiento constante de los ciudadanos a noticias falsas e informaciones corrompidas está dificultando nuestra convivencia y destruyendo la democracia". Y ha subrayado: "Los periódicos tradicionales estamos lejos de ser perfectos, pero basta medir la virulencia que los demagogos utilizan contra nosotros para entender hasta qué punto somos un baluarte contra el totalitarismo. Precisamente porque la amenaza de ese totalitarismo es hoy mayor, la libertad de prensa es más necesaria que nunca".

Nunca hubo tantos canales de comunicación como ahora. El siglo XXI es el de Internet, las redes sociales y los medios digitales. El de los smartphonescargados de aplicaciones que conectan terminales y personas alejados por distancias siderales. El de la realidad vivida a la velocidad de la luz y las noticias incesantes.

"Conocimos una época en la que la falta de libertad se identificaba con el miedo a hablar", ha recordado Caño. "Hoy el exceso de palabras, la verborrea desatada, es lo que en buena medida se utilizan para negarle al ciudadano el acceso a la verdad", ha argumentado, alertando sobre los contenidos producidos por plataformas digitales especializadas con la única voluntad de confundir, expandir su versión de los hechos o desprestigiar al transmisor de la que no les favorece. "Hemos asistido al ascenso de figuras políticas, organizaciones o ideas que cuestionan el papel de la prensa, a la que con frecuencia descalifican como cómplice de las instituciones o defensora de intereses espurios con el objetivo de anular su capacidad de crítica", ha recalcado. ¿El método? "Pongo en duda la honestidad de un periódico y a partir de ahí, cualquier cosa que ese periódico diga de mí carecerá de credibilidad entre mis seguidores. Podré crear mi propia verdad. Puedo crear mi propio universo ideológico a base de tuits".

¿Qué ventajas tiene para un político destruir la credibilidad de los medios? ¿Qué gana estableciendo una comunicación directa con los ciudadanos, sin filtros, fiscalización ni cotejo de los datos que aporta y las políticas que promete? ¿Por qué los políticos populistas de distintos países, continentes e ideologías coinciden en aplicar la misma estrategia comunicativa? ¿Cuánto cuesta que el periodismo defienda la verdad frente a la propaganda? Sobre todas estas cuestiones han reflexionado posteriormente Ángel Gabilondo, exministro de Educación, líder del PSOE en la Comunidad de Madrid y catedrático de Filosofía; Consuelo Madrigal, exfiscal general del Estado; y Enric Juliana, periodista de La Vanguardia. 

"Los hechos necesitan un relato vinculado al amor por la verdad", ha reclamado Gabilondo, quien ha alertado contra "la soledad" que puebla las redes sociales ("Necesitamos que esos gritos acaben convirtiéndose en un espacio de conversación", ha dicho) y contra la ansiedad con la que los ciudadanos revisan si son receptores de interacciones y notificaciones ("Tenemos prisa, que es el otro nombre del miedo").

"Las palabras, incluso las falsas, traen la vida al mundo. Y las falsas traen una vida perversa. Ahí la sociedad necesita que intervenga el derecho", ha reflexionado Madrigal. "La posverdad ha invadido la esfera pública de una manera incontrolada", ha advertido. "La libertad de expresión siempre debe ser protegida, a ultranza, cuando opera contra el poder, y debe tener restricciones cuando se ejerce por alguien más poderoso sobre alguien menos poderoso o con menos capacidad para defenderse".

"Han cambiado mucho los mecanismos, los dispositivos, las técnicas, pero a la vez, la verdad última de las cosas sigue siendo la misma", ha dicho Juliana sobre los intentos históricos de manipulación de la prensa por parte del poder. Si este periodista fundara hoy un diario, lo llamaría La Verdad. En los tiempos de Trump, la batalla de los periodistas se resume en esas dos palabras, según han coincidido los ponentes: hechos y herramientas periodísticas frente a la posverdad.

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