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Inversiones sí, pero no así

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Economía de apalabras

 

Inversiones sí, pero…

 

Humberto Vacaflor Ganam

 

En su edición de esta semana, la carta informativa Siglo 21
recoge un tema que está en el centro del debate electoral boliviano, aunque
pocos lo adviertan.

El tema son los precios de las materias primas y las inversiones
que se pueden hacer cuando esos precios han subido.

 

En el último decenio los precios de los metales
aumentaron 66% y el petróleo 159%. El efecto sobre los países productores de
materias primas ha sido enorme, pero es difícil saber si estas economías
lograrán sacar provecho duradero a esta buena racha.

Según Andrew Warner, Profesor Residente en el
Departamento de Estudios del FMI, las rachas de precios excepcionales del
pasado en muchas ocasiones no han logrado crecimiento sostenido ni sostenible.
Pone en duda incluso el mecanismo preferido por estas economías durante los
auges de las materias primas, que es la inversión pública. “Los resultados
cuestionan los modelos económicos utilizados suponiendo que los países crecen
automáticamente cuando aumenta la inversión de capital público. Indudablemente,
la inversión de capital público ha aumentado en las economías de rápido
crecimiento, pero los datos sobre el crecimiento del PIB sugieren que los
rendimientos son negativos”, asegura Warner en un artículo publicado por
F&D.

El lento crecimiento de las economías con abundantes
recursos naturales tiene dos explicaciones principales: el funcionamiento
deficiente de las instituciones y el “síndrome holandés”. Según  Warner
ninguna explicación es particularmente útil para sugerir soluciones.

En el primer caso el problema es que el concepto de
instituciones es demasiado amplio. Un mal funcionamiento de las instituciones
puede significar cualquier cosa: desde leyes formuladas de manera inadecuada
hasta una administración laxa, salvaguardias insuficientes contra la corrupción
o políticas económicas poco firmes.

Y surge otro demonio: cuando hay mucho dinero sobre la
mesa, la política de inversión de un gobierno es especialmente vulnerable a la
influencia de grupos de intereses, advierte Warner.

Los grupos influyentes (empresas constructoras,
consultores y prácticamente cualquier entidad comercial que sea parte
interesada en las inversiones) se benefician simplemente mediante la
implementación de las inversiones, con independencia de su valor social. Los
intereses políticos y regionales presentan enérgicamente sus propuestas de
inversión. Por lo tanto, se desarrolla una cultura de autopromoción y defensa
que distorsiona.

Por ejemplo, instalar una planta de urea en un lugar
inapropiado, con un costo de 840 millones de dólares no ayuda: perjudica.

Vacaflor.obolog.com

 

 

 

 


 

 

 

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