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El inglés retrocede en Londres

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Recuerdos del presente

 

Mandarín derrota al inglés

 

Humberto Vacaflor Ganam

 

La cena de gala del London Metal Exchange (LME), la bolsa de metales con 135 años de trayectoria, concluyó el martes pasado con un discurso pronunciado en perfecto idioma Mandarín.

Es que dentro de poco la famosa bolsa de metales de Londres pasará a las manos de sus nuevos propietarios, los ejecutivos de la Hong Kong Echanges & Clearing, que pagaron por ella 2.190 millones de dólares.

El discurso del señor Charles Li, el magnate de Hong Kong, fue aplaudido por los operadores chinos y los funcionarios del Banco de la China que asistieron a la cena en el céntrico barrio londinense de la City.

Los demás comensales, es decir todos los operadores de la bolsa de origen inglés, quedaron pasmados y humillados pero sobre todo desorientados e ignorantes de lo que acababa de decir el señor Li.

Un artículo del Financial Times firmado por Jack Farchy  dice que algunos ejecutivos ingleses del LME tenían una idea equivocada, similar a la que podía tener quien hubiera vendido su casa y pretendiera seguir viviendo en ella.

Por lo tanto serán los intereses de la China los primeros en ser tomados en cuenta cuando se presenten temas de decisión sobre las cotizaciones de los metales en la bolsa de Londres.

Parece justo, ahora que la China es la segunda potencia económica del mundo, la mayor consumidora de materias primas, sobre todo de los metales, que la nueva estrella de la economía mundial vaya mostrando su hegemonía.

Esto es más importante de lo que parece. No es solamente el copamiento de una bolsa en metales por parte de nuevos empresarios. Muestra la nueva tendencia de la economía mundial, muy ajena a los principios éticos de los que escribió Adam Smith precisamente en Londres.

China es un país comunista sólo para el control del gobierno y de la política. Todo lo demás está confiado a la capacidad de industria de los 1.300 millones de chinos. Mientras no se metan en política, que está reservada para los miembros del comité central del partido comunista, los chinos pueden hacer lo que quieran.

Se dijo que la paradoja del momento es que el mejor éxito del capitalismo se estaba dando en un país comunista. La clave, según dice Loretta Napoleoni, está en que no hay leyes ni reglas para la economía desde que Deng Xiaoping exhortó a sus compatriotas con el lema de: “enriqueceos”, vivan bien, para que nosotros vivamos mejor. Pero nunca, jamás, se metan en política.

Poco les importa a los chinos quién gobierna. No les importaba cuando vivían como esclavos de un régimen inepto, y ahora, cuando allí ha estallado el capitalismo salvaje, les importa menos.

Pareciera que cuando las actividades económicas han sido libradas de todo tipo de restricciones, ya sea legales, morales o éticas, la gente opta por desinteresarse de la política.

La receta de Xiaping ha dado resultados sorprendentes. En este momento más de un millón de sus ciudadanos poseen una renta de más de 10 millones de dólares. Un millón de millonarios.

Eso sí, no tienen que meterse en política. La masacre de Tienanmen ha sido una advertencia bien entendida.

Vacaflor.obolog.com

 

 

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