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Indígenas rompen con Evo

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Recuerdos del presente

 

Un banquete, un sepelio

 

Humberto Vacaflor Ganam

 

Algo está fallando para que el festín de poder que se está dando el gobierno sea completo.

Lo que confunde es que en estos días están coincidiendo dos realidades diferentes o directamente contrapuestas. Por un lado, el gobierno lanzado a una orgía de atropellos, respaldado por su control de las instituciones de la democracia, y por otro lado sus bases políticas decepcionadas y en actitudes críticas.

Concentrado en el placer de perseguir opositores y críticos con armas democráticas sólo en apariencia, el gobierno no parece percatarse de que su popularidad se derrumba.

Da la impresión de que gran parte de las bases políticas del gobierno no encuentren placer en observar cómo avanza la inquisición armada en torno de un oscuro caso de terrorismo en Santa Cruz, ni en contemplar cómo se destituye a alcaldes opositores y se amenaza a gobernadores.

Las encuestas urbanas muestran un derrumbe brusco de la popularidad del presidente, en tanto que las organizaciones indígenas se sienten traicionadas.

Que el Consejo de Ayllus y Markas del Qullasuyo (CONAMAQ) amenace con un cerco a la ciudad de La Paz y la Confederación Indígena del Oriente Boliviano (CIDOB) esté marchando, también a La Paz, para protestar contra el gobierno, es algo que tendría que preocupar a un presidente que dice representar a los pueblos originarios. Un cerco semejante a la ciudad de La Paz se dio en 1781, antes de la independencia, y una marcha semejante se dio en 1990, antes del “proceso de cambio”.

El gobierno, convencido de que todavía tiene el apoyo de 64% de los votos, está reaccionando con torpeza ante la decepción de los indígenas. No quiere convencerlos, quiere doblegarlos. Y califica a sus dirigentes de agentes pagados por Estados Unidos.

Pero hay una coincidencia que preocupa. El gobierno decidió romper lanzas con los pueblos originarios del oriente después de que los del parque natural Isiboro-Sécure dijeron que se oponen a que la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos pase por esa reserva. La revista “Veja” de Brasil dijo que esa carretera será una “autopista del narcotráfico”. La ruptura de lanzas se dio cuando el propio presidente dijo que las consultas a los pueblos originarios sobre obras de ese tipo sólo será eso, una consulta, pero que en todos los casos la última palabra será dada por el Estado nacional. Nada puede frenar una obra que conectará el Chapare con Brasil, parece decir el nuevo credo del gobierno del cambio.

Además, que el gobierno de Evo Morales se enfrente a los originarios por defender al Estado nacional boliviano es algo novedoso y sorprendente.

Mientras se dan esas dos caras de la realidad, el MAS tampoco tiene una buena nota en cuanto a gestión de gobierno.

El presidente Morales acaba de reprochar en público a sus colaboradores del sector de hidrocarburos, dando la razón a observadores independientes. Los medios de comunicación de propiedad del gobierno, y los que le son fieles, ahora han sido autorizados a quitarse la venda de los ojos, por lo menos respecto del tema petrolero.

En suma, que la gestión del gobierno tampoco invita a los bolivianos a compartir el festín.

 

 

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