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Mi ilusión es más optimista

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Recuerdos del presente

 

Hace un año que yo tuve…

 

Humberto Vacaflor Ganam

 

Mi ilusión, la de hace un año, era que hubiéramos comenzado el último gobierno de Evo Morales, pero él se ocupó de decir que hizo una trampa al país para poder aspirar a un tercer mandato.

Ahora he cambiado de ilusión: que, pese a la trampa, este será, de todos modos, el último mandato de Morales. Mi ilusión es más optimista todavía: confía en que los bolivianos devuelvan la cortesía y acorten los plazos.

Esta es una historia de trampas. La economía le hizo una trampa a la gran revolución, al cambio histórico, al Mesías de Orinoca, al hijo postrero de Mama Ojllo.

Es que la economía no perdona. Se hace la tonta, la desentendida por algún tiempo, pero siempre pasa la factura, sin falta, y con un recargo por las facturas impagas.

En Cuba, por ejemplo, tras 50 años de revolución, la economía acaba de pasar una factura muy abultada con despidos y aumentos. Los almacenes estatales, los EMAPAS cubanos, han aplicado aumentos descomunales de precios. El mexicano Jorge Castañeda difundió algunos de esos aumentos: el precio del jabón de tocador pasó de 25 centavos a 5 pesos, las arvejas de 15 centavos a 3,5 pesos, el dentífrico de 65 centavos a 8 pesos. Algunos de esos precios se acercan, cada uno, al salario mínimo promedio, que es de 20 dólares.

En fin, que la economía pasa la factura siempre. Nuestro presidente se había autoproclamado subcomandante de la guerra mundial, guerra a muerte, contra el capitalismo, detrás de Hugo Chávez, como en todo. Luego se desanimó y, como él escucha al pueblo, un pueblo de capitalistas, desertó del cargo de subcomandante. Y comenzó a repetir consignas capitalistas que había asimilado en el subconsciente cuando estaba en el Chapare, donde se practica el capitalismo más salvaje de Bolivia: el mercado fija los precios, los inversionistas tienen que recuperar su platita, y otras perlas más.

Cuando hizo su última capitulación, el 31 de diciembre, y reculó de su decisión de aplicar un gasolinazo, comprobó que eso de decir blanco y negro de manera intermitente, eso de pasar del bando socialista al bando capitalista sin pausa puede estar bien en su cosmovisión –como le llaman- pero que en la vida real, sobre todo cuando quieres ser presidente, resulta impracticable. Todo te puede perdonar la realidad, menos que seas incoherente todo el tiempo.

Si la revolución socialista que propusiste un día no fue posible, tienes que decirlo con todas sus letras y dar un paso al costado. No puedes aspirar que todos olviden lo que dijiste anteayer, ni la idea contraria de ayer, y que todo sea una interminable sinfonía de contrarios, con miembros de tu gobierno que militan muy entusiastas en cada una de las tendencias que propones.

La actual decepción de los bolivianos debe preocupar al periodismo. De nada ha valido que el actual gobierno compre medios, alquile otros, intimide a los demás, persiga columnistas y les vaya cerrando todas las puertas. Si este método fuera eficiente, ahora todos los bolivianos tendrían que estar a favor del gobierno del cambio, y no apoyen el cambio del gobierno.

 

 

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