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Hermanos de sangre

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Economía de palabras

Hermanos de sangre

Humberto Vacaflor Ganam

 

El 6 de diciembre de 2015, después del triunfo de la oposición en las elecciones parlamentarias de Venezuela, Nicolás Maduro dijo que su gobierno recibía el resultado “como una bofetada para despertar hacia lo que nos toca en el futuro”.

Algo parecido dijo Evo Morales el 22 de enero de 2016, después del triunfo del NO en el referéndum para su repostulación en 2019: “reconocemos y aceptamos nuestra derrota”.

Ahora, acorralado por la realidad, Maduro decide llamar a una constituyente “comunaria”, que excluya a las “elites” y a los partidos, para definir el futuro de Venezuela. Al convocarse a la constituyente, se cierra el parlamento, aquel elegido en diciembre de 2015, el de la bofetada.

También ahora, acorralado por la realidad, sobre todo la corrupción de su gobierno y la crisis económica, Morales ajusta las cuerdas de la futura justicia que le permitirá desconocer el referéndum del 21F de 2016, el de la derrota que había aceptado, y postularse de todos modos en 2019.

En Argentina fueron los más torpes. Los socios de este grupito, que tiene un nombre pretencioso: el socialismo del siglo XXI, se dejaron ganar en las elecciones. Ahora se han propuesto derrocar el presidente electo, al que osó ganarles, y están dando batalla. Pero la corrupción salió a la luz y Cristina Fernández probablemente vaya a la cárcel.

En Ecuador, Rafael Correa fue más inteligente. Evitó ser derrotado. Ajustó a tiempo el sistema electoral de su país para que su pupilo salga ganador y de esa manera se garantice que la corrupción gigantesca de su mandato sea cubierta.

De eso se trata. No dejar el poder porque al dejarlo se corre el riesgo de que se haga una investigación y los ladrones vayan a la cárcel. Quizá recomponer la justicia, como se está haciendo en Bolivia, tenga el mismo propósito, de evitar los futuros juicios. Pero, de lejos, es mucho mejor quedarse en el poder, controlándolo todo.

En este club hay experiencias que muestran lo peligroso que es perder una elección, porque obliga a soluciones forzadas, como la constituyente de Maduro o la reforma judicial de Morales. A tiempo, como hizo Correa, se deben ajustar las clavijas. Los fraudes, por groseros que sean, siempre dejan alguna duda. Lo imperdonable es patear el tablero después de la derrota.

Vacaflor.obolog.com

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