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Una guerra bien organizada

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Recuerdos del presente

 

La guerra minera

 

Humberto Vacaflor Ganam

 

La nueva ley minera tiene nueve semanas de vigencia y ha dejado hasta ahora, según las estadística que lleva el senador masista Eduardo Maldonado, nueve muertos, un muerto por semana.

Lección número uno: nunca hagas una ley pensando en las elecciones. Los cooperativistas mineros tienen todas las ventajas pero se han percatado de que el Estado no tiene vigencia.

Los asaltos se dan todos los días. Los que llegan a controlar un yacimiento, lo defienden incluso con ametralladoras, según denuncian los nuevos asaltantes de Oropongo.

El Estado ha cesado en sus funciones en el sector minero, según lo había advertido Maldonado, un senador que se mantiene en la lista del MAS pero que ha solicitado su pase a retiro, para siempre.

Lección número dos: nunca creas que los cooperativistas mineros se van a conformar con las últimas concesiones que les hiciste, pues siempre querrán más, y más.

Han recibido, de la mencionada ley, la ventaja de no pagar impuestos y de poder transferir sus privilegios tributarios a empresas privadas: ahora quieren que el Estado les condone las deudas por los equipos que recibieron de Comibol por 26 millones de dólares.

Pero siguen. Quieren también que el Estado les provea de nuevos equipos, nuevos, para poder explotar los yacimientos de oro de los ríos amazónicos, con una producción que no pagará impuestos. Los equipos tienen que ser entregados, por supuesto, directamente y de frente, en calidad de donación. A fondo perdido.

Lo que tendrá que hacer el Estado boliviano, plurinacional y multilingüe, es dotarse de un buen sistema de ambulancias para ir recogiendo los cuerpos de muertos y heridos que va dejando esta guerra minera que se ha desatado.

Las cooperativas que operan en la cima del Cerro Rico también están en este talante. Dicen que no interrumpirán la explotación, incluso si hay peligro inminente de derrumbe, mientras el Estado no les entregue una concesión minera igualmente rica.

Es decir que si los bolivianos quieren que la montaña retratada en el escudo nacional mantenga su fisonomía cónica, deben entregar otros yacimientos a las cooperativas.

Quizá debiera aprobarse una disposición por la cual se prohíba a los gobiernos aprobar leyes en tiempos electorales. Porque, pedirles que mediten, parece que es inútil.

Vacaflor.obolog.com

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