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Y el gas sin vender

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Recuerdos del presente

Nadie quiere nuestro gas

Humberto Vacaflor

Los países vecinos están ignorando el gas natural boliviano de manera cada vez más preocupante.
Si no fuera que el país ha entrado en un nuevo proceso electoral, el caso del descenso del ingreso por la venta del gas tendría que ser la principal preocupación de los bolivianos.
El gobierno acaba de informar que las prefecturas de los nueve departamentos recibirán el próximo año 35% menos recursos del IDH que este año.
La prefectura de Oruro hizo saber que sus ingresos caerán de 106 a 69 millones de dólares, lo que la obligará a acudir a créditos externos, como seguramente tengan que hacer también las ocho restantes prefecturas. Es que las exportaciones a Brasil entre enero y julio solo fueron por 980 millones de dólares, frente a los 1.628 de igual periodo del año pasado.
La situación tiende a empeorar, a juzgar por la caída de la demanda del gas boliviano en los mercados de la región.
La semana pasada, la brasileña Petrobrás hizo saber que estaba avanzando en el proyecto de vender gas natural para vehículos a Chile. Rodrigo Zavala, representante de la empresa en Santiago, dijo que la operación se hará seguramente con gas natural licuado que sería desembarcado en la planta de regasificación de Quintero. Es decir que el gas brasileño llegará a Chile dando una enorme vuelta por el estrecho de Magallanes o por Panamá.
Mientras Brasil hace saber que, de veras, ya no necesita el gas boliviano, las miradas del gobierno boliviano, con señales de angustia, se dirigen hacia Argentina. Pero el secretario de Energía de ese país, Daniel Camerón, dice que el gas boliviano tampoco está en los planes de abastecimiento argentinos.
Los mensajes que produce el gobierno boliviano para el sector petrolero son contradictorios. Un funcionario habla de garantías para las inversiones y a los pocos minutos otro dice que el gobierno prepara una nueva reforma a la ley de hidrocarburos para incorporar los principios de la constitución (las empresas petroleras sólo pueden ser prestadoras de servicios de YPFB).
La mala conducción del sector petrolero ha hecho que los países vecinos no tomen en cuenta el gas boliviano y también que las empresas petroleras que operan en el país comiencen a perder la paciencia.
Un funcionario de Total dijo recientemente que para vender el gas hace falta también un poco de imaginación. Y sugirió que YPFB ofrezca financiar la construcción del ducto que hace falta para conectar las redes de Bolivia y Argentina, a fin de que las exportaciones puedan superar la actual barrera de 7 millones m3/d.
El tono de los petroleros está cambiando. Da la impresión de que las petroleras estuvieran ahora del otro lado del mostrador. El tigre que “nacionalizo” el petróleo en mayo de 2006 está en proceso de convertirse en gatito, aunque todavía no en alfombra.
Las empresas sugieren también que para alentar las inversiones, el gobierno cree un sistema de premios a los trabajos de exploración. Es decir que bajen los impuestos.
No es ninguna deshonra tomar esas decisiones. Cuba sólo cobra 30% de impuestos. Colombia comenzó pidiendo 70% y luego, pensándolo bien, bajó el impuesto a menos de 50%.
El propio Hugo Chávez tiene una política muy flexible. Ajusta los impuestos después de que se han hecho los descubrimiento, no antes.
Un poco de imaginación



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