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Galileo, Camus, Vacaflor, Evo...

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“Y sin embargo se mueve…”

(Galileo Galilei)

 

Por José Luis Laguna (*)

En tiempos de “retractaciones”, como a lo largo de la historia, se evidencia nuevamente, que las opiniones y hasta lo que llamamos “realidad” termina inclinándose hacia la retórica de quienes detentan y hacen uso de su autoridad para imponer su “verdad”. Es que la realidad y los pensamientos están construidos por palabras, y estas no son otra cosa que artefactos socio-políticos, que son el resultado de la hegemonía cultural que ejercen los dominantes, distanciados o próximos a la razón. La retórica es el principal instrumento de dominación, penetra el pensamiento, ética, estética y percepciones del mundo, se construyen bajo el imperio simbólico, las cosas terminan siendo y llamándose por la potencia que aplican sobre la gente a través de las instituciones que gobiernan: medios de comunicación, escuela, iglesia, instituciones del Estado, familia, entre las más importantes.

 

Cuando escuche al periodista Humberto Vacaflor expresar con ironía su retractación, respecto de quién mató a los esposos Andrade, en una suerte de revancha social de los cocaleros, recordé un texto de Albert Camus, en su libro el “Mito de Sísifo” en el que, con mayor ironía que nuestro periodista, relativizaba la trascendencia de la verdad en un mundo lleno de condiciones existenciales, afirmando que: “(…) Nunca vi a nadie morir por un argumento ontológico. Galileo, quien defendía una verdad científica importante, la abjuró con la mayor facilidad del mundo cuando puso su vida en peligro. En cierto sentido, hizo bien. Aquella verdad no valía la hoguera. Es profundamente indiferente quien gira alrededor del otro, si la tierra o el sol. Para decirlo todo, es una cuestión baladí. En cambio, veo que muchas personas mueren porque estiman que la vida no vale la pena que se la viva. Veo otras que, paradójicamente, se hacen matar por las ideas o las ilusiones que les dan una razón para vivir (…). Opino, en consecuencia, que el sentido de la vida es la pregunta más apremiante. ¿Cómo contestarla? Con respecto a todos los problemas esenciales, y considero que como tales a los que ponen en peligro la vida o los que decuplican el ansia de vivir, no hay probablemente sino dos métodos de pensamiento: el de Pero Grullo y el de Don Quijote. …”

Si es el sentido de la vida la más apremiante de las preguntas y el método de responderla es por la simpleza o ilusión, ¿Cuál será la verdad por la que uno debe ofrecer la vida? No creo que con una justicia como la nuestra, quién mandó matar y quien mató a los esposos Andrade tenga mucho sentido, si para ello habrá que poner en riesgo pasar la vida en paz en la risueña Tarija. Opto por la simpleza de decir lo que me piden decir, o que tal vez se suicidaron (sin dejar de poner en duda que la neo santa inquisición manda a decir a la fuerza lo que quiere), lo demás la “libertad o el honor” son cuestiones frívolas para quien tiene la urgencia de sostener la vida.

Jugar a héroe sería otra opción, en este caso un suicidio y una locura quijotesca inaceptable en alguien razonable como Vacaflor, que solo el sociólogo Francés Emile Durkheim podría explicar en su estudio sobre el suicidio, pues al examinar las cifras oficiales sobre el suicidio en Francia, el autor se dio cuenta de que ciertos tipos de personas eran más proclives a suicidarse que otras: Había más hombres que mujeres, más protestantes que católicos, más ricos que pobres, y más personas solteras que las casadas. Agregaba que los tipos de suicidio son cuatro: El suicidio egoísta debido a la escasa integración social. El suicidio anónimo se produce por falta de regulación social. El suicidio altruista tiene lugar cuando un individuo está "demasiado integrado" a la sociedad. El último suicidio es el fatalista, cuando un individuo está excesivamente regulado por la sociedad. Ninguna de estas categorías corresponden a nuestro periodista de marras, por lo que justificamos ampliamente su retractación, aunque entre letras nos afirmó como Galileo: “que a pesar de todo, la tierra se mueve”.

Cuál será el sentido que le dan a su vida las personas y las sociedades es algo que no puedo decir en su lugar, pero todas serán válidas y justificadas, hasta la paz en las viñas de Tarija. A pesar, que quisiera que el sentido de la vida de todos fuera la posibilidad infinita de ser mejores y no perdernos en las miserias de la vida, endiosando seres humanos comunes que la ocasión los llevó a ocupar sitiales de privilegio, lugares que usan para hacer incómoda la vida de  quienes  los cuestionan. Sería de mucho sentido que amemos el bien común y no morir en el intento.

* Doctor en ciencias políticas

 

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