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El futuro de YPFB

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Recuerdos del presente

El futuro de YPFB

Humberto Vacaflor Ganam

 

Una empresa que en este momento debe importar 80% del diesel oil que se consume en el país, y 56% de la gasolina, va camino a convertirse simplemente en una importadora, lo que quizá se admita cuando haya pasado la campaña electoral.

Por el momento, la instrucción de quienes manejan la candidatura vetada por un referéndum exige hablar de grandes éxitos y desterrar la verdad. La mala noticia sobre Boyuy, por ejemplo, está buien guardada, casi a 8.000 metros de profundidad, junto que el ya parado trépano.

Si ahora viniera un gobierno como el de Gonzalo Sánchez de Lozada, y se propusiera vender , “capitalizar” la empresa, el panorama sería para ponerse a llorar.

Entonces, la empresa tenía muy buenas reservas de gas propias y de las empresas extranjeras, un flor de contrato con Brasil, otro con Argentina y la posibilidad de exportaciones de GNL a través de un puerto chileno. Se hablaba de interés en el GNL boliviano en México y en Estados Unidos. Era una oportunidad para las capitalizadoras.

Ahora, de las reservas es mejor ni hablar. Un empresa canadiense que decidió “evaluar”, no “certificar”, el estado de las reserevas dijo que eran 10 TCF pero todos sabemos que están por debajo de 4 TCF.

Si Argentina y Brasil anuncian que a partir de 2020 no querrán recibir más gas boliviano es, si se mira bien, un gesto diplomático, de cortesía, para no decir, de frente, que sus empresas saben de la situación lamentable de las reservas bolivianas.

Ni siquiera se han tentado con la posibilidad de firmar contratos con la cláusula de “deliver or pay” y beneficiarse de ella cuando el vendedor se haya quedado sin gas. Es un trato honorable, casi fraterno, el no hablar de la verdad sobre las reservas.

Las “capitalizadoras” del futuro deberán vérselas con que no se ha hecho exploración y por lo tanto no hay reservas, pero además se enterarán de que las empresas extranjeras que operan en el país están todas con sus valijas hechas.

Sabrán de los dos gasoductos que forman parte de los activos de YPFB, pero que pronto quedarán inservibles, salvo que se los comience a usar para importar gas con destino al mercado interno.

En fin, que YPFB se aproxima a un momento crítico. Los compradores de chatarra están atentos. Para los miles de empleados que tiene la empresa, junto a los miles de la ANH, no hay futuro. Quizá una relocalización que termine aumentando los cocales.

Exclusivo para El Deber

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