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Financial Times: Evo Morales no es demócrata

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PUBLICADO EN "PÁGINA SIETE" (29.10.15

El gobierno de Evo Morales buscó capitales en Nueva York
Iniciativa boliviana por inversión extranjera será una tarea difícil
Este artículo forma parte de la separata de 52 páginas que publicó el Financial Times con motivo de la realización del foro “Invirtiendo en la nueva Bolivia”.
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jueves, 29 de octubre de 2015


John Paul Rathbone
Financial Times
Newspaper Spanish

Ahora que se avecinan tiempos difíciles, Bolivia busca las inversiones con más ahínco.  Debería ser una verdad universalmente aceptada que los gobiernos latinoamericanos de centro-derecha no conocen sus países, mientras que los de centro-izquierda no saben cómo administrarlos.

Bolivia socialista es una excepción que prueba esta regla ...     hasta el momento.
 
 Esto se debe en gran medida al auge de los precios de los productos básicos que comenzó en 2003 y levantó la economía boliviana. También se debe al arraigado recuerdo de la hiperinflación que ocurrió en 1985 cuando los precios subieron en 12.000%: ningún boliviano quiere experimentar semejante inestabilidad económica nuevamente. Y, finalmente, se debe a Evo Morales, presidente desde 2006, quien comprendió, a diferencia de Hugo Chávez en Venezuela o la pareja Kirchner en Argentina, que una economía sólida le daría una valiosa autonomía financiera.
 
 Cuando el Movimiento Al Socialismo (MAS) de Morales tuvo malos resultados en las elecciones regionales en marzo, culpó al machismo (aunque quien ganó la Alcaldía de El Alto por parte de la oposición fue una mujer).
 Su característico "anti-yanquismo” le ha ganado muchos enemigos en casa y en el exterior. Sin embargo, aparte de eso, ha mantenido un rumbo estable, mientras que su retórica anti-imperialista a menudo no es más que una expresión de comprensibles resentimientos populares, incluyendo el suyo propio. En 1994, mientras era presidente del sindicato de productores de hojas de coca,  Morales fue arrestado por agentes antidrogas entrenados por EEUU. "Maldito indio”, le gritaban mientras lo golpeaban.
 
  Morales es un aymara autóctono, uno de los muchos grupos indígenas de Bolivia, los cuales representan dos tercios de los 10 millones de habitantes del país.
 Es el primer presidente indígena de Bolivia en un país tradicionalmente gobernado por miembros de la minoría mestiza o blanca. En gran parte, estos descendientes de colonos europeos ayudaron a crear una historia brutal y humillante durante la cual la mayoría indígena era tratada como basura. Desde entonces, una nueva redacción de la Constitución ha consagrado muchos derechos indígenas.
 
 Bolivia continúa siendo célebremente uno de los países más pobres de América del Sur, una característica que, combinada con su historia, se puede explicar mediante su casi imposible geografía: su falta de acceso al mar,  sus imponentes pasos de los Andes,  los climas extremos de frío y humedad y los abruptos cambios de altitud entre los picos que súbitamente se elevan hasta 12.000 pies sobre el nivel del mar.
 
 Estas alturas pueden quitarles el aliento y enfermar a los viajeros que provienen de tierras bajas, y sus efectos a menudo se contrarrestan masticando hojas de coca, el remedio local utilizado durante milenios. Pero Bolivia también tiene exuberantes bajíos. Santa Cruz, su mayor ciudad, es la base de la riqueza de la nación.
 
 Hay pocos caminos; sólo uno une La Paz, la capital, a Cochabamba, la ciudad que conecta las tierras altas a las tierras bajas.
 Sólo un camino une La Paz al aeropuerto de El Alto. Es por eso que muchas brigadas de pobres, incluyendo el sindicato de productores de hojas de coca de Morales, descubrieron en  2000 que podían levantar una barricada y paralizar el país hasta que se cumplieran sus demandas.
 
 Esta táctica ayudó a llevar a Morales al poder y todavía se utiliza, siendo un estorbo para el Gobierno que usualmente requiere su atención personal y el desembolso de fondos para solucionarlo. La barricada, en resumen, se ha convertido en la base de una inusual economía rentista establecida con la riqueza generada por los productos básicos que concluirá algún día, quizás pronto, conforme mengua el auge de los productos básicos.
 
 Ya hay indicios de que esto está sucediendo. Durante toda su existencia posterior a la conquista, Bolivia ha sobrevivido mediante una exportación principal,  la plata; y después, el caucho y el estaño; por un breve tiempo la pasta de coca hecha de las hojas de coca; y ahora el gas.
 Casi la mitad de las exportaciones bolivianas son de gas natural, unidas al decreciente precio del petróleo. Una tasa de cambio fija, combinada con la inflación doméstica, está reduciendo la competitividad de la economía, mientras que al mismo tiempo impide el desarrollo de la muy necesaria diversificación económica.
 
 La perspectiva de tiempos difíciles en el futuro explica el porqué del deseo del país de atraer inversión extranjera. Semejante pragmatismo evoca varias ironías: por ejemplo, la apertura de áreas protegidas a la exploración de hidrocarburos sería el desmoronamiento de la autoproclamada misión de Morales de combatir el capitalismo y proteger la Madre Tierra.
Más materialmente, los inversionistas aún recuerdan las nacionalizaciones recientes.
 El país ocupa el lugar 103 de 174 en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, y el lugar 157 de 189 en la encuesta de facilidad para hacer negocios del Banco Mundial, por debajo de Irak.
 Es probable que la iniciativa por la inversión extranjera sea una tarea difícil.
 
 Mientras tanto, la política nacional se vuelve aún más volátil. En julio, mineros de Potosí, armados con palas y barras de dinamita, marcharon hacia La Paz, donde ocuparon el viceministerio del Interior, obligando a los ministros a huir.
Semejante ira sucede a pesar de una admirable transformación social que ha tenido lugar bajo el mandato de Morales.
La proporción de la población que vive con menos de cuatro dólares al día disminuyó al 27% en el año 2013 desde el 54% en el año 2005. Esto es admirable, pero a la misma vez no es mejor que en el capitalismo total existente en su vecino Perú.
 
 ¿Qué pasará después?  Morales puede ser muchas cosas, pero demócrata podría no ser una de ellas. El MAS controla el Congreso, los medios estatales alaban al Gobierno y, si  Morales se postula para un cuarto mandato en 2019, probablemente ganará. Si concluye ese mandato, habrá sido presidente por 20 años, menos que el medio siglo de su mentor Fidel Castro, pero casi el doble del reinado de Chávez. Eso sería decepcionante, pero por otra parte un principio central de la cosmología andina es la circularidad del tiempo. Para bien o para mal, la "nueva” Bolivia contiene mucho de la antigua. Sería poco realista e irracional esperar algo más.
 
(c) 2015 The Financial Times Ltd.All right reserveved

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