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Evo supera a las FARC

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Invasión de narcos

En el curso de la semana pasada fueron capturados dos narcotraficantes colombianos en Santa Cruz y uno peruano en La Paz, mientras el diario El Tiempo de Colombia calculaba que 3.000 traficantes de ese país operan ahora en Bolivia.

Diáspora mafiosa: Los informes de la ONU permiten entender esta migración: los cultivos de coca disminuyeron en Colombia debido a que los grupos armados financiados por la droga han perdido el control que tenían de amplios territorios en ese país.

Los traficantes colombianos, así como los miembros de cárteles provenientes de otros países, estarían operando ahora como activos promotores de la expansión de cocales en el territorio boliviano, difundiendo técnicas para la elaboración de la droga y ofreciendo créditos.

Gestión mafiosa: Esto viene a confirmar la existencia de una verdadera “transnacional” del narcotráfico que ha comenzado asignando mercados para evitar choques entre mafias, y ahora ha llegado a incursionar en la expansión de la tecnología para la elaboración de la droga y operaciones de fomento financiero.

Fracaso armado: En lugar de alentar la creación de grupos armados como los que operan en Colombia y Perú en respaldo de los cultivos ilegales de coca, los cárteles de la droga que ahora actúan en Bolivia incentivan la creación de “sindicatos” de cocaleros.

Según el matutino El Día de Santa Cruz, en este momento la reserva del Choré, vital para el ecosistema cruceño, ha sido tomada por miles de colonos, que están organizados en un centenar de sindicatos.

Modelo boliviano: Los traficantes colombianos encontraron que en Bolivia los cocales ilegales no necesitan ser protegidos por grupos armados, con problemas logísticos y financieros, porque la solución descubierta en el Chapare son los sindicatos. En Colombia, como en el resto del mundo, sólo hay sindicatos de trabajadores en actividades legales.

El “modelo boliviano”, basado en los “sindicatos”, ha permitido que los cocales sigan creciendo, en tanto que el modelo militarizado que se aplica en Colombia y Perú, con grupos “guerrilleros” mercenarios, está en retroceso.

Los gráficos difundidos por la ONU muestran, en efecto, un descenso de las áreas de cultivo de Colombia, al mismo tiempo que crecen los cocales en Bolivia.

Alcances políticos: El modelo guerrerista para expandir los cocales ha fracasado incluso en lo político, porque la prédica guerrillera se ha estancado y jamás esos grupos podrán tomar el control del gobierno de sus países.

El modelo “sindicalista” boliviano se ha mostrado más eficiente, porque plantea el tema como una demanda de fuentes de empleo, postulando que la coca es el único cultivo rentable para miles de familias. Y tiene sorprendentes éxitos políticos.

Responsabilidad cocalera: El cultivo de la coca en Bolivia se ha descontrolado, como lo acaba de admitir el presidente Evo Morales, dirigente de los cocaleros ilegales del Chapare. La semana pasada dijo que él “salva su responsabilidad” por el hecho de que los cocaleros violan el compromiso de no tener más de un “cato” de coca por familia.

¿El poder transnacional de la droga está tomando control de Bolivia?

 

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