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Evo elige la violencia

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La opción violenta

El presidente Evo Morales está llamando a su gente a enfrentar a los opositores en los caminos y en las ciudades, como añorando la opción violenta que había descartado cuando decidió encabezar una revolución democrática.

Contra los indígenas: El gobernante ha perdido la paciencia con los indígenas del TIPNIS, que reanudaron la marcha hacia La Paz. Les pidió perdón tres veces por la brutal represión policial que sufrieron el domingo 26 pero a las pocas horas los acusó de haberlo planificado todo para hacer fracasar la elección de cargos judiciales del 16 de octubre.

Además los acusa de pretender derrocarlo, por lo que llama a las fuerzas populares que lo apoyan a enfrentar a los opositores y críticos en movilizaciones que deberían confluir en La Paz y Cochabamba el 12 de octubre.

Guerra civil: Los ideólogos del gobierno, comenzando por el vicepresidente Álvaro García Linera, sostienen que cuando estaba naciendo el proyecto la primera opción fue la insurrección popular y la guerra civil, pero fue descartada cuando se comprobó que el proyecto podía usar la vía democrática.

Pues ahora el presidente Morales parece decidido a retomar la opción violenta, lo que le permitiría castigar a los opositores pero también ocultar con una gruesa cortina de humo (y sangre) la grave crisis económica que ha creado su gestión.

Primera escaramuza: El jueves pasado se produjo la primera escaramuza de esta que podría llegar a ser una guerra civil. Los “ponchos rojos” de Achacachi, que actúan como grupo paramilitar, ingresaron a La Paz en una marcha de apoyo al presidente. La gente de la calle abucheó a los manifestantes y éstos respondieron con golpes y “chicotazos”, aunque perdieron algunas de sus pancartas, que fueron arrebatadas por los paceños, y destrozadas.

Esto, multiplicado por cien, podría darse en una semana más, cuando los marchistas indígenas lleguen a La Paz y coincidan con la llegada de la marcha que ha ordenado el presidente Morales a sus seguidores.

Tumba de tiranos: Podría ser que en Cochabamba no ocurra nada grave, en vista de que no llegarán allí los indígenas amazónicos sino solamente los masistas, pero en La Paz podría arder Troya.

Por el momento, el presidente mantiene su decisión de confrontar a los marchistas del TIPNIS y descarta siquiera la posibilidad de atender la demanda de ellos, la única demanda: que él vaya a hablar con ellos.

Dividir al enemigo: Mientras avanza en esa estrategia hacia la violencia, el presidente ha conseguido que su ministro de la Presidencia, Carlos Romero, debilite al movimiento indígena firmando un acuerdo con los guaraníes. Aunque éstos pertenecen a la cuenca del Plata, estaban participando, con gente y con exigencias, en la marcha de los indígenas amazónicos.

A una semana de la brutal golpiza que la policía dio a los indígenas en Yucumo, seguida de las disculpas del presidente, el gobierno muestra que no ha cambiado un ápice en su posición, de enfrentarlos y debilitarlos.

La chispa que se encienda en La Paz, si prosigue este estilo del gobierno, podría cubrir todo el país con gruesas llamas.

 

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