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Evo, Dilma y un contrato

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Recuerdos del presente

 

Dilma, Evo, odios y OAS

 

Humberto Vacaflor Ganam

 

El 1 de mayo de 2006, Dilma Rouseff era la ministra de Energía de Lula da Silva y recibió como un balde de agua fría el espectáculo de la “nacionalización” que ofreció el flamante gobierno de Evo Morales en el campo San Alberto.

Ella vino a Bolivia para hablar con el presidente. La embajada brasileña solicitó la entrevista. Ella concurrió al Palacio Quemado en horas de la madrugada, como estaba convenido; esperó tres horas, en vano, y luego se marchó. Había sido humillada. Dicen los testigos más próximos que el presidente no quiso tratar un tema tan importante con una autoridad de tan poca monta. Y, de paso, mujer.

Pocos meses antes, el presidente Morales había dado una muestra de la poca simpatía que sentía por Brasil y de su poco conocimiento de historia. Confundió tiempos y espacios para decir que Brasil se había quedado con el territorio del Acre a cambio de un caballo.

De todos modos, Lula sentía simpatía por el presidente boliviano por aquello del encanto étnico. Las relaciones de los dos países superaron los primeros traumas gracias a que la “nacionalización” se agotó en el espectáculo. Con el tiempo, las petroleras volvieron a tener las mismas o mejores condiciones.

Lula llevaba bien las cosas pero debía ser reemplazado, porque no quería ser re-reelecto. Y fue reemplazado por Dilma. El triunfo que ella tuvo en las elecciones fue felicitado por todos los presidentes vecinos de Brasil, menos por uno: segunda humillación. Ese mismo presidente no fue invitado a la posesión. Fue el único ausente.

Dilma dejó en el cargo de embajador al hombre que había sido propuesto por Marco Aurelio García, el asesor de Lula con mayor identificación ideológica con Morales. Pero las cosas no andaban bien.

En ese tiempo se dieron los hostiles requisas de los aviones militares brasileños. Es el estilo: a los enemigos, con todo.

Fue en mayo de este año que Dilma y Morales se hicieron amigos. Se encontraron en el África. Eran los únicos presidentes latinoamericanos en la reunión África-América Latina. Hablaron durante varias horas. Ella entiende con dificultad el castellano y Morales, pues, lo habla.

Lo que ha permitido que los dos gobiernos se soporten ha sido el contrato con la OAS. Con ese contrato, el PT y el MAS se hicieron hermanos. Aunque la empresa ha salido de escena, los hermanos tienen cosas que arreglar. Y la carretera por el TIPNIS se debe hacer, sí o sí.

Vacaflor.obolog.com

 

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